Opinión

Xan dos Lobos

 

¿Se ha enterado usted de lo que ha pasado en una playa coruñesa?

 

– ¡Hombre! Dicho así…

– Pues que un hombre se puso a orinar delante de mucha gente. Dos jóvenes se lo recriminaron y entonces el individuo –llamémosle así–sacó una pistola y la emprendió a tiros...

-¡Qué barbaridad!

– Uno de ellos murió en el acto. El otro se libró porque escapó corriendo…

– ¿Y qué pasó? ¿Le atraparon?

– Aprovechó el pánico para huir en un taxi. Pero el conductor debió dar parte disimuladamente y, sí, le cogieron cuando estaba recargando el arma…

– ¡Ah! ¡Pues qué lástima! ¡Qué ocasión perdida para haberse librado de ese psicópata!

– Pues sí. El angelito posee un amplio historial delictivo…

– ¿Y qué va a pasar ahora? Porque esa alimaña es un peligro esté donde esté…

– ¡Ya veremos! Desde luego están ocurriendo cosas que ponen los pelos de punta…

– ¡Así es! La esperanza está en esos jóvenes valientes que quieren poner orden, cueste lo que cueste, y se atreven a enfrentarse a tanto golfo y delincuente como hay hoy, como el héroe del Puente de Londres, Ignacio Echeverría. ¡Un autentico héroe! ¡El único que se enfrentó a los terroristas! ¡Español tenía que ser! ¡Y con un monopatín! ¡Bien caro le salió! ¡No tengo palabras para mostrar mi admiración por este mártir! Yo no las tengo, pero otros lo han hecho magistralmente, como mi amigo Armando Manrique, que le ha dedicado un precioso poema

– Sí. Es un valiente ejemplo que debería serlo para todos. Por cierto, esta historia me recuerda algo que me contaron hace mucho tiempo: la gesta de Xan dos Lobos

– No oí nunca hablar de eso. ¿Cómo fue?

– Dicen que ocurrió hace muchos años en el tren entre Vigo y Orense. Una pareja de la Guardia Civil llevaba dos peligrosos bandidos, Manuel Casanova, alias «Toribio» y «Hermelindo O Fermoso«, éste llamado así por ser feísimo. Iban los cuatro en un departamento del vagón, solos, porque los presos apestaban con un tufo insoportable.

– Bueno, y porque ese tipo de transporte de presos se hacía siempre así… En solitario…

– Vale. En otro lugar del tren viajaba un viejecillo poco hablador, con un recio bastón en el que apoyaba la barbilla. Pequeño, enjuto, con boina calada… Se conversaba de cualquier cosa, como es habitual… Del tiempo, de lo caro que estaba todo, del gobierno…

«De pronto sonaron unas explosiones, cesando todas las conversaciones… ¿Qué habría pasado?

«Sólo se levantó el viejecillo, saliendo al pasillo… Y se encontró entre los dos bandidos que corrían en busca de la salida… « Saia do camiño, maldito vello, ou eu vou te matar aquí…«- dijo el Toribio, apuntándole con una pistola.

«Sin pensarlo dos veces la puntera del bastón del viejecillo golpeó al bandido en la frente, desplomándole fulminado. Como un rayo se volvió hacia el otro, que casi estaba ya encima, y le propinó otro bastonazo similar. ¡En un instante había noqueado a los dos!

– ¡Ese sí que era un hombre!

– Antes de que volviesen en sí, los ató fuertemente las manos a la espalda. Al llegar a la próxima estación, la Guardia Civil se hizo cargo de los presos y de los heridos, uno de ellos muy grave. Según dijeron en el juicio posterior, en un descuido, el Toribio se hizo con una pistola y disparó sobre sus captores. Quitadas las esposas que les atenazaban, salieron al pasillo y corrieron, encontrándose, para su desgracia, con Xan dos Lobos.

– ¿Xan dos Lobos? ¿Por qué le llamaban así?

– Fue un conocido pastor que en cierta ocasión había sido atacado por cuatro lobos. Les hizo frente y acabó a palos con tres de ellos. El cuarto huyo renqueando… No tenía reparos en mostrar su brazo izquierdo, marcado por las terribles cicatrices de aquel combate a muerte. Según decía él: « Eses bandidos non eran nada en comparación con aquelas bestas…«

– ¡Qué valiente! ¿Y qué pasó con los bandidos?

– Al Toribio le sentenciaron a garrote. Pero se libró gracias a su madre, que pidió clemencia a Alfonso XIII. El otro pasó en la cárcel varios años, y luego parece que fue atracción de feria, por su historia y su fealdad… Era algo así como el «coco» de los nenos gallegos.

– ¿Y qué fue de Xan dos Lobos?

– Creo que le dieron la Cruz de Beneficencia, o algo así… Desde luego se la merecía por valiente…

-¡Desde luego!


2 comentarios

    1. Querido amigo Armando: lo que escribiste del héroe del Puente de Londres ha sido el mejor homenaje que se le ha hecho. Así es porque has representado el sentir del pueblo, de la gran masa de españoles que nos sentimos orgullosos de serlo. Los homenajes oficiales son también merecidos, pero son… otra cosa. Lo tuyo sale del corazón. ¡GRACIAS, en nombre de todos los que sentimos lo mismo!
      y repito lo mismo sobre el soneto QUE HAS ESCRITO HOY.
      Los lectores pueden verlo pinchando en:
      http://blogliterarioyfotografico.blogspot.com.es/2017/07/soneto-las-victimas-del-terrorismo.html

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