Opinión

Me perdí

 

– Me imagino que usted nunca se perdió en el campo.

 

– ¡Pues se equivoca! ¡Una vez me perdí!

-¿Y eso?

– Pues verá usted. Fue cerca de Cabezas del Villar, en Ávila, donde había ido con Pili a ver como estaba el río Margañán al sumergirse bajo tierra en «Las Cuevas». Conocía muy bien el camino por haber ido varias veces y no necesitaba mapa ni brújula. Era una tarde de julio y el caso es que nos entretuvimos hasta el anochecer.

«Cuando quisimos volver por donde habíamos venido nos encontramos con el camino cortado por una cerca de alambre, colocada para que no pasase el ganado, que estaban llevando de un lugar a otro. Así que nos desviamos hasta encontrar otro más hacia la izquierda, más o menos hacia el este, pero también estaba cortado. Más allá se nos hizo de noche. Estaba nublado y no había Luna ni estrellas.

– ¿Y qué hizo? ¿Volvió al río y siguió su curso aguas arriba?

– No, porque yo sabía que no había un camino paralelo. Habría que ir saltando vallas y eso de noche no es muy prudente. Así que seguimos andando por un laberinto de veredas en la oscuridad de la noche. Podía haberme orientado si hubiese pendiente, ascendiendo por ella. Pero allí el bosque era totalmente llano. Recuerdo que Pili decía que no me preocupase, que en todo caso dormiríamos abrazaditos al pie de una encina. ¡No sabía lo que es el relente sin nada con qué abrigarse!

«De modo que seguimos andando y andando en total negrura. Al fin vi allá, a lo lejos, una lucecita. Fue como un faro en el mar. No podíamos ir hacia ella por las vallas que seguramente habría, pero tirando a 90º por la derecha seguramente encontraríamos la carretera. ¡Acerté! Salimos a unos 4 km de donde habíamos dejado el coche. ¡Y se acabó la historia de la vez que me perdí! Bueno…, en realidad no me perdí del todo, porque conservé toda la serenidad, que creo que es lo fundamental en estos casos. Se siente uno muy raro al verse en la oscuridad de la noche, sin saber donde estoy, en medio de un bosque, y sin ver las estrellas… Recuerdo que lo principal para mí en aquellos momentos era que Pili no tuviese miedo… ¡Y no lo tuvo! ¡Qué valiente fue siempre! ¡Le daban pánico las gallinas pero, sin embargo, no dudaba en atravesar las granjas, entre ellas, cogida de mi mano!

– Supongo que programaría muchas excursiones con los mapas en la mano. ¿Noo?

– Pues sí. Bastantes. Siempre bendeciré el momento en que cayó en mis manos mi primer mapa 1:50.000. Era la hoja nº 460, de Hiendelaencina, en Guadalajara. ¡Cuántas horas pasaría aprendiendo a leer el paisaje! ¡Sí! ¡Porque se llega a verlo en las curvas de nivel, y te lo imaginas desnudo esperando que lo hoyes con tus pies! Y me sentía como un aventurero rebuscando en las escombreras de las viejas minas de plata y adivinando donde se escondían los bandoleros en la agreste serranía. Es una de mis frustraciones, porque nunca fui por allá. No tuve ocasión.

Explorando Gredos (1964)
Explorando Gredos (1964)

«Tiempo después, estando en el pueblo de mis padres, Casavieja, en Ávila, uno de mis primos, Eloy, me dio el 1:50.000 de la zona, la hoja 579. ¡Fue uno de los mejores regalos que me han hecho! Con mi martillo, aquel mapa y mi sencilla brújula, recorrí aquellas estribaciones de la Sierra de Gredos, subiendo y bajando. Otro primo, Julio, me enseñó a buscar las escondidas fuentes en el bosque, y llegué a conocer la sierra mejor que muchos del pueblo, aunque no sabía los topónimos locales de aquellos maravillosos paisajes que llevaré siempre dentro de mí.

– ¿Usted cree que los jóvenes de ahora leen los mapas?

Mi poza del Barrancón. Agua pura y cristalina.
Mi poza del Barrancón. Agua pura y cristalina.

– ¡Para qué, si se lo están dando todo resuelto! No tienen más que darle a la tecla y tienen el mapa con la imagen de satélite superpuesta. Y hasta pueden seguir las rutas que otro, antes que él, siguió y marcó. ¡El único problema que pueden tener es que se caigan por un barranco y tengan que ir a recogerlos! No sé si así sentirán la pasión por lo desconocido.

– ¡No saben lo que se pierden!

– ¡Desde luego! ¡Aunque supongo que disfrutarán de cosas que a mí no me entran! Es el cambio de unas generaciones a otras, y a mí me gusta más la mía. ¡Cómo les pasará a ellos!


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3 comentarios

  1. Menos mal que fue en Julio: Si os hubiera pasado por estas fechas,la aventura podría haber sido más dramática. Un abrazo y gracias por compartir este episodio. Tu foto, buenísima , por cierto.

    Un abrazo

    1. No lo había pensado, aunque no creo que hubiese ido en invierno a ese sitio, si no es por la mañana. Cuando está bien es cuando el río va pleno, para ver como se sumerge. Por donde sale no he logrado verlo, por la vegetación. Sería interesante ir con una balsa y fotografiarlo. Tu, que puedes, ¿por qué no lo haces?.
      Un fuerte abrazo. Y FELIZ ENTRADA DE AÑO

  2. Emiliano, de todo corazón, todos los que nos gustaba naturaleza te deseamos un Feliz Año 2018 y que el nuevo Rector y demás autoridades (muchos niños de la ciudad, gracias a ti, lo conocen muy bien) se enteren del tesoro paleontológico que tenemos en Salamanca.

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