Jesús Málaga

La hija de Diego Maldonado

Cuando murió el arzobispo Alonso de Fonseca III en 1534, Diego Maldonado se dedicó a enriquecer su patrimonio y a perpetuar su memoria para la historia. Compró terrenos, casas, fincas, muebles y bienes de todo tipo con la intención de dejárselos a su hija natural, Ana Maldonado, para la que consiguió del rey su legitimación. Logró casarla con Francisco de Anaya, uniendo así dos de las grandes familias salmantinas. Estableció un mayorazgo con todas sus propiedades, imponiendo como condición la imposibilidad de dividirlo o venderlo.

Su casa ha perdurado hasta nuestros días en la plaza de San Benito. El solar que ocupaba la vivienda de su tío fue agrandándose con la adquisición de casas, corrales y solares en las calles del Prado, Juan del Rey y Sordolodo, hoy Meléndez. La casa donde vivían los señores era la que hoy pertenece a la Universidad de Salamanca, donde se ha instalado el Centro de Estudios del Brasil. Las edificaciones adquiridas, adyacentes al palacete, se destinaron a cuadras, bodegas, paneras, viviendas para la servidumbre y algunas para ser alquiladas. Se sabe que en su interior había un pozo que abastecía de agua a la familia y a la servidumbre.

[pull_quote_left]Los escudos muestran a los paseantes de la plaza el linaje y el poder económico y social del propietario. El escudo de los Fonseca con sus cinco estrellas se encuentra más elevado y laureado[/pull_quote_left]La nueva casa se construyó en el solar dejado en herencia por su tío Francisco de Ribas en 1527, siete años después del asalto e incendio de su hacienda. Las obras estaban iniciadas en 1529 y participó en su construcción el gran maestro Juan de Álava, conocido también como Juan de Ybarra, al que debemos gran número de obras del renacimiento salmantino: Catedral Nueva, Escuelas Menores, San Benito, San Esteban de los Padres Dominicos, Casa de las Muertes y el Colegio Mayor de Santiago el Zebedeo o del Arzobispo. Juan de Álava estaba vinculado al arzobispo y trabajó para él en muchas de las obras promovidas por el prelado.

La fachada de la casa ha sufrido algunas modificaciones a través de los tiempos. El hoy balcón fue ventana en sus orígenes. Está decorada con grutescos y escudos alrededor, embelleciendo el exterior plateresco de la vivienda. Los escudos muestran a los paseantes de la plaza el linaje y el poder económico y social del propietario. El escudo de los Fonseca con sus cinco estrellas se encuentra más elevado y laureado, al igual que ocurre en la que fuera vivienda de Juan de Álava, la Casa de las Muertes.

Más abajo, en un plano inferior, como corresponde a un cualificado siervo del arzobispo, se encuentra el escudo de los Maldonado, con las cinco flores de lis. A los lados de la primitiva ventana se pueden ver dos escudos con la unión de los dos linajes: los Maldonado y los Ribas. No existe constancia en la portada del enlace de los Maldonado de Ribas con los Maldonado de Morille, vinculación que se logró más tarde, ya en el siglo XVII.

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