Jesús Málaga

Fernando Sebastián

JESÚS MÁLAGA: ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’ (Memorias de un alcalde)

La Universidad de la Iglesia estaba presidida por uno de los más prestigiados catedráticos de teología, después obispo de León, Fernando Sebastián. Este claretiano de pro supo llevar la Universidad en la buena dirección, sin zozobras, en los años más convulsos de su historia. Fernando Sebastián, María Teresa Aubach, Gerardo Pastor, Enrique Freijo, Juan Luis Acebal, Setién, Miguel Garijo fueron profesores claves y referentes para los alumnos que estudiábamos en aquel entonces en la Pontificia.

Conocí a Fernando Sebastián en mis años de delegado de curso en la Escuela de Psicología de la Pontificia. Era rector de la Universidad, elegido después de los convulsos años del final de franquismo. Pertenecía a la comunidad de claretianos y estaba considerado como teólogo progresista. Se sabe que tuvo que ver, junto con José María Martín Patino, con la elaboración de la homilía de la coronación de Juan Carlos como rey de España, aquellas palabras que el cardenal Tarancón leyó con tanto énfasis y en las que invitaba al monarca a ser el rey de todos los españoles, enterrando la división entre buenos y malos que había impuesto la dictadura. La evolución conservadora de Fernando es incomprensible para mí. He oído manifestaciones suyas en los últimos tiempos que me parecen que proceden de otra persona.

Sebastián fue nombrado obispo de León y secretario de la Conferencia Episcopal Española desarrollando una labor ingente y eficaz. Le tocó lidiar con el gobierno socialista de Felipe González, con los que llegó a muchos acuerdos, y me consta que dirigentes socialistas como Alfonso Guerra mantenían con él una relación de respeto. Los acuerdos con Fernando iban, como no podía ser de otra manera, a misa, estaba considerado entre nuestras filas como hombre serio y de palabra.

No fue nunca de fiar para la curia vaticana, y por eso fue nombrado arzobispo coadjutor de Granada con derecho a sucesión de un prelado más joven que él. Esta sibilina decisión es propia de la diplomacia del Estado más pequeño del mundo. Durante sus años en activo como obispo fue considerado por sus compañeros como la mejor cabeza del episcopado, el mejor formado, el más inteligente. Terminó sus días como obispo titular en la archidiócesis de Pamplona, cuando por sus capacidades estaba preparado para dirigir una gran diócesis.

Se retiró a Málaga donde, ya jubilado, ha sido nombrado con toda justicia cardenal por el Papa Francisco. A través de tres personas he llegado a conocer mejor a Fernando: Tita Martín Tabernero, Gerardo Pastor y María Teresa Aubach. Debo ser el único caso de socialista convicto y confeso, catedrático de una universidad de la Iglesia. Quiero dejar constancia de que llegué a serlo siendo rector Fernando Sebastián, y estoy seguro de que para que así fuera, Fernando tuvo que informar sobre mí a las autoridades eclesiásticas españolas y vaticanas más de una vez.

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