Jesús Málaga

De Salamanca a cardenal de Madrid

JESÚS MÁLAGA: ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’ (Memorias de un alcalde)

Rouco Varela fue vicerrector con Fernando Sebastián. Catedrático de la Facultad de Derecho Canónico, complementaba la balanza en el rectorado de Fernando. Fue nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela y nos invitó a un grupo de profesores de la Universidad Pontificia. María José, María Teresa Aubach, Gerardo Pastor, Tita Martín Tabernero y yo estuvimos en la catedral de Santiago en un lugar preferente, en el coro junto a los canónigos del cabildo. Una fotografía que conservo da testimonio del acto de su entronización.

Suquía, arzobispo de Santiago, presidió la ceremonia que tuvo una incidencia reseñable. Al realizar la oración que entonces se hacía por el jefe del Estado, cantando dijo el nombre de Francisco, en referencia a Franco, en lugar del recién coronado Juan Carlos. Un rumor corrió por toda la catedral sin que el arzobispo perdiera la compostura, lo que me hizo pensar que para Suquía todavía no había muerto el dictador.

Los derroteros de Rouco hacia las posiciones más duras de la derecha española le hicieron escalar puestos, primero a arzobispo de Santiago y después a cardenal y arzobispo de la diócesis más poblada de España, Madrid. Presidente de la Conferencia Episcopal Española y miembro de la comisión vaticana para el nombramiento de obispos fue diseñando una Iglesia a su imagen y semejanza, nombrando prelados que respondían a su forma de pensar. Llegó a nombrar obispo de Lugo a su sobrino.

Listo y sagaz, se rodeó de miembros de las comunidades más conservadoras y retrógradas con las que mantuvo en todo momento una relación estrecha en detrimento de las congregaciones y comunidades de toda la vida, jesuitas y dominicos entre otros.

Mantuve siempre cierta relación con él. En las inauguraciones de curso, a las que no faltaba nunca, me saludaba afectuosamente. Recuerdo  la del curso 2003-4, en octubre de 2003, etapa en la que yo no desempeñaba ningún cargo político. Llegué a casa y le comenté a María José que Rouco, al dirigirse a la iglesia en comitiva con los profesores revestidos, al verme entre los que estábamos de paisano rompió el protocolo para saludarme y preguntar por mi mujer y por mis hijos. Intuitivo y calculador, enseguida entreví lo que nadie entonces suponía, y así se lo expresé a mi mujer: ¡vamos a ganar las elecciones! Rouco no da nunca puntada sin hilo, y estoy seguro que si estuviera seguro de que íbamos a continuar en la oposición me hubiera saludado con un simple movimiento de cabeza.

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One Comment

  1. Es usted muy generoso con Rouco Varela, querido paisano. Yo estuve muchos años cerca de los obispos y de la C. E. E… por razones de mi profesión. Rouco dañó mucho a la Iglesia española… Y los de hoy no se quedan atrás…

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