Jesús Málaga

Mi barrio, Pizarrales

JESÚS MÁLAGA: ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’ (Memorias de un alcalde)

Termino este repaso por algunos barrios de la Salamanca de 1979 refiriéndome a Pizarrales, con población mayoritaria de trabajadores. Formaban el barrio los bloques de Nícar, las viviendas del Carmen Nuevo, las del Viejo, el barrio Blanco, la Charca Capuchinos y el núcleo de Pizarrales.

Sus problemas eran la pobreza y el paro, la escasez de vivienda, todavía había chabolismo, la suciedad, la escasez de plazas de guardería y el agua. A pesar de contar con tres depósitos, el de mayor capacidad estaba sin funcionar.

El concejal del barrio, Máximo Gómez, conectó muy bien con la asociación de vecinos Munibar. Las personas más comprometidas con el barrio consideraban que la falta de planeamiento estaba en la base de los problemas de Pizarrales. No se podía construir a menos de un determinado número de metros de la carretera, pero se daban licencias sin respetar estas distancias. Había un Plan Especial que se aplicaba con restricciones, los edificios no debían sobrepasar la altura del depósito instalado en el teso de los Cañones. Entre las primeras reivindicaciones estuvo la de convertir la huerta de Garcinuño en zona verde, contraviniendo al Plan Especial que permitía la construcción de viviendas en el citado solar. Munibar preconizaba edificios de tres o cuatro pisos y que el barrio respondiera a un urbanismo de corte humano.

El problema del agua estaba pendiente de la puesta en marcha del nuevo depósito del Teso de los Cañones y del trasvase desde el depósito de la Chinchibarra. El depósito recién construido tenía capacidad para 23.000 metros cúbicos, suficiente para solucionar de un plumazo el problema del agua en los barrios altos de la ciudad, pero tenía un problema, no le llegaba el agua. Pizarrales se arreglaba con un bombeo hasta los depósitos viejos, pero con frecuencia el motor se averiaba. Tuvimos que comprar otro motor que entraba en funcionamiento cuando el viejo se paraba.

Los vecinos se quejaron de la mala ejecución de las obras de urbanización en varias calles del barrio, el Ayuntamiento no podía intervenir en ellas al no ser de su competencia. Las obras las realizaba el Gobierno de Madrid.

En Pizarrales los baches y el barro se señoreaban a placer. Carecían de todo, el consultorio de la Seguridad Social estaba saturado por tener que atender a otros barrios limítrofes, no tenían biblioteca ni hogar de la tercera edad y las instalaciones deportivas públicas brillaban por su ausencia. Para hacer deporte tenían que recurrir al patio del colegio de los Salesianos.

Estaban orgullosos de los jardines atendidos por el Taller Artístico, experiencia encomiable en la que participaron amigos míos, Rafael Torres y Manolo Martín, entre otros. Dos ejemplos de buen hacer que todavía hoy podemos contemplar, uno en los alrededores de la iglesia nueva, otro en la calle Vallejera, enfrente del colegio Pizarrales. Los sábados y domingos los vecinos, armados de las herramientas pertinentes, dedicaban el tiempo que quitaban a su merecido descanso a atender las zonas verdes del entorno de sus viviendas. El Ayuntamiento solicitó al MOPU la urbanización del barrio del Carmen que era de su incumbencia.

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