Jesús Málaga

La escasez de viviendas

En 1979 Salamanca padecía en algunos de sus barrios la lacra del chabolismo. La dispersión hacía muy difícil combatirlo. Pizarrales, la Charca de Capuchinos, Chamberí, Alambres, Puente Ladrillo eran los barrios más afectados, pero ninguno de la periferia se libraba de este problema. Pizarrales, con 16.000 habitantes era el que mayor número de chabolas e infraviviendas aportaba al cómputo. Lo más doloroso estaba en pleno centro de la ciudad. El barrio Chino, el de San Vicente y los alrededores de la catedral estaban en ruinas, con multitud de infraviviendas y con una población lumpen. En aquellos tiempos en los que afloraba la adicción a la heroína, raro era el día en el que no aparecía una foto en los periódicos con jóvenes drogadictos pinchándose a plena luz del día en esas zonas degradadas de la ciudad.

La destrucción del caserío en algunos lugares del centro era tal que cuando nos visitaban personajes ilustres y tenía que hacer de guía, para enseñarles la ciudad me las veía y me las deseaba para buscar caminos por los que transitar sin encontrarme con la destrucción física y humana.

El Ayuntamiento de Salamanca se sumó al acuerdo firmado en enero de 1982 por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) para la construcción de 571.000 viviendas en toda España. Aquel convenio supuso una luz de esperanza para solucionar el problema de la vivienda en Salamanca. Al año siguiente, en octubre de 1983, la Corporación aprobó sumarse al acuerdo con la construcción de 15 viviendas en lo que fuera casa del Visir, en el Patio Chico, y otras doscientas viviendas más en otros emplazamientos: 54 en San Vicente, 80 en Puente Ladrillo, 28 en el barrio del Oeste y 36 en Pizarrales. El Instituto de Promoción Pública de la Vivienda concedía entonces préstamos al nunca visto 5% de interés. En todas las promociones el Ayuntamiento aportaba los terrenos.

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