Opinión

Otra política es posible

 

Dedicado a Pepe Múgica, por cuya bonhomía personal y política debería estar paseando eternamente por el ágora rodeado de jóvenes.

 

Permítanme los lectores de esta columna que, después de las dos semanas anteriores escribiendo sobre la política desde la desesperación, esta semana lo haga desde la esperanza y, como las palabras de Pepe Múgica, presidente de Uruguay desde 2010 a 2015, en su despedida de la política activa como senador, reflejan mucho mejor lo que es un compromiso político basado en la ética y en la voluntad de servicio a la comunidad, replique aquí sus palabras:

A los colegas: sinceramente me voy porque me está echando la pandemia. Ser senador significa hablar con gente y andar por todos lados. El partido no se juega en los despachos, y estoy amenazado por todos los lados, por cuenta, por doble circunstancia: por vejez y por padecer una enfermedad inmunológica crónica.

Si mañana aparece una vacuna yo no me puedo vacunar. Y entonces tengo que tomar esta decisión y agradecerles la paciencia que han tenido de soportarme, y han sido muy elogiosos, demasiados elogios. Yo tengo mi buena cantidad de defectos, soy pasional, pero en mi jardín hace décadas que no cultivo el odio. Porque aprendí una dura lección que me impuso la vida: que el odio termina estupidizando porque nos hace perder objetividad frente a las cosas.

El odio es ciego, como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye, y una cosa es la pasión y otra el cultivo del odio, porque hasta hace poco creíamos con pasión una definición de la libertad. Y ahora la ciencia nos dice si por libertad se entiende seguir los deseos y las inclinaciones, la libertad existe, si por libertad se entiende que somos capaces nosotros de gestar esas inclinaciones y esos deseos, la libertad no existe.

He vivido con una definición y me cambiaron toda la letra ahora. Este problema lo tienen las nuevas generaciones. La política tendrá que hacerse cargo, porque la política es la lucha por la libertad humana. Aunque suene a quimera.

Mucha gente nos ha dado el apoyo estos años, veinte y pico de años. Tengo que estarle agradecido a ellos: los que deciden anónimos por ahí, en el seno del pueblo. En política no hay sucesión. En política hay causas. Y los hombres pasamos y las mujeres también. Todos pasamos.  Algunas causas sobreviven y se tienen que transformar y lo único permanente es el cambio. La biología impone el cambio, pero también tiene que haber una actitud de cambio, de dar oportunidad a nuevas generaciones, construir, ayudar a construir el porvenir, ya que la vida se nos va y es inevitable. Pero las causas quedan.

Por eso he pasado de todo en la vida: estar seis meses atado con alambre, con las manos en la espalda; irme del cuerpo por no poder aguantar en un camión dos días o tres; estar dos años sin que me llevaran a bañarme y tener que bañarme con un frasco, en una taza de agua con un pañuelo. He pasado de todo, pero no le tengo odio a nadie. Y le quiero transmitir a los jóvenes: hay que darle gracias a la vida, triunfar en la vida no es ganar. Triunfar en la vida es levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae. Gracias. Gracias señora presidenta”.

POSTDATA: José Alberto Mujica Cordano, Pepe Mujica, es un político uruguayo, presidente de Uruguay entre 2010 y 2015. Vive en la misma casa humilde en la que vivió siempre, una chacra en una zona rural de Montevideo. Y es que, desde el punto de vista de la filosofía de la vida, piensa que “es mejor vivir liviano de equipaje. Con poco, con lo justo». Una práctica política de servicio a la comunidad y un estilo de vida humilde por lo que se le conoce como el «presidente más pobre del mundo» y desde luego el más honrado. Vean y comparen.


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