Opinión

Antes de que lleguen las navidades

 

Cincuenta mil personas muertas de forma directa o indirecta por la pandemia Covid no celebrarán este año la Navidad. Para sus familias, aproximadamente entre doscientas cincuenta mil y quinientas mil personas, tampoco será una Navidad normal.

La Navidad es un tiempo proclive a la nostalgia, unas fechas donde nos embarga un sentimiento ambivalente que oscila entre el gozo y la melancolía, la alegría y la tristeza, ambivalencia recogida ampliamente en el género literario constituido por los Cuentos de Navidad, y que nadie ha descrito mejor que Christian Andersen en La vendedora los fósforos o Charles Dickens en Un cuento de Navidad.

Excepto cuando eres niño las navidades son tristes porque siempre falta alguien, pero este año lo serán en mayor medida porque faltará un abuelo, una madre, un hermano, un hijo o un amigo, y lo serán aún más por la forma en la que han muerto muchos de ellos, en soledad, con el sentimiento de unos y otros por no haber podido despedirse, y ese recuerdo estará planeando sobre las familias que puedan reunirse.

Habrá personas pasando las navidades solos, ingresados en hospitales o en residencias para mayores, dos formas tristes de pasarlas. La Nochebuena en un hospital es muy triste y especialmente dura para los enfermos. Tampoco ellos encontrarán ni motivos ni tendrán alegría para celebrar nada, aunque no tengo duda que los profesionales que los atienden se esforzarán para sacarles una sonrisa. En un hospital los pacientes quieren que la Nochebuena pase lo más desapercibida y deprisa posible.

Durante las celebraciones navideñas muchas familias tendrán dificultades para poner algo en su mesa, no ya algo extraordinario, sino algo normal, comida y bebida que hasta hace poco les era habitual. Ofrecer algún juguete a sus niños ni se lo pueden plantear. Es posible que algunas de esas familias hayan sufrido un desahucio y no tendrán un techo bajo el que protegerse del frio.

Habrá personas deambulando por las calles, bajo las luces navideñas que adornan la ciudad, que mirarán pasar a su lado a otras personas con bolsas de lazos rojos en la mano, posiblemente llenas de comida o regalos, caminando hacia sus casas, en las que sentirse afortunados porque tienen techo, calor, comida, juguetes y, sobre todo, un lugar donde reunirse, cantar, reírse y, porque al fin, no han perdido a ningún ser querido, porque todos han vuelto a casa por Navidad, aunque este año muchas familias se verán obligadas a reunirse en torno a una pantalla de ordenador.

Hace mucho tiempo ya que, para la inmensa mayoría de la sociedad, las navidades perdieron el sentido religioso, sustituido por una vorágine consumista, pero este año las contradicciones se han acentuado de una forma inmensa y el contraste entre quienes más tienen y quienes tienen menos, o no tienen nada, es especialmente obsceno y salta fácilmente a la vista, aunque nos empeñemos en mirar para otro lado.

Cuando estos días se debate acerca de cómo deben ser las navidades, cuantos miembros de cada familia se podrán juntar, o si los días de Nochebuena o Navidad el toque de queda se retrasará hasta la una de la madrugada, todo ello es tan artificial, tan alejado de la realidad, que solo se me ocurre preguntarme y preguntarles: ¿de verdad tenemos algo que celebrar?, ¿necesitamos celebrar las navidades para ocultar la depresión individual y colectiva en la que estamos sumidos?, …o es todo un despropósito tan grande que ya ni siquiera nos damos cuenta.


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Un comentario

  1. No se puede decir mejor. Gran reflexión sobre qué es lo que celebran la mayoría de los no católicos cristianos. Fiesta, relax, compras, …es tan necesario? Navidad es cada día, porque Jesús para los creyentes siempre nace con cada amanecer. Gracias Miguel por tus palabras

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