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Ideas para presentes (y futuros) empresarios del ocio salmantino

Cristina Hidalgo y Claudia Reinoso son estudiantes de 1º de Bachillerato de Arte en el colegio Calasanz y dan ideas a los hosteleros salmantinos para fomentar el arte como fuente de negocio

 

Cristina Hidalgo y Claudia Reinoso son dos estudiantes de 1º de Bachillerato de Arte en el colegio Calasanz y acaban de concluir un trabajo sobre el arte en los establecimientos de ocio en Salamanca. Con esta excusa, hablamos con ellas y recordamos que Salamanca fue pionera en la exportación de la decoración de los bares de copas a toda España, gracias a que empresarios de la noche a finales de los setenta y ochenta apostaron y se atrevieron a que la creatividad de estudiantes de Bellas Artes vieran en estos locales los ‘laboratorios’ perfectos para parir sus primeras obras. Hablamos entre otros artistas de Ángel Bajo, Ricardo Flecha o Jean Claude.

Cristina y Claudia nos cuentan que estudiar este Bachillerato de Arte les ha dado la oportunidad de expresar las emociones. Antes no se fijaban en el arte que había en las calles de Salamanca. Además, se han sensibilizado con el mundo artístico, la poesía, la pintura, la fotografía… todo ese mundo. «En algo tan duro como es el Bachillerato, si haces algo que te gusta, lo disfrutas», cuentan.

Algunas calles de Salamanca son un verdadero museo. Hay arte en las ventanas, en las puertas, en las fachadas, balcones,… de los edificio. Solo bajando una vez a la semana a pasear por la Plaza Mayor, se alimenta ya el espíritu. «Muchos salmantinos no tienen los ojos abiertos a todo este arte. Lo valoran más las personas que vienen de fuera que los que lo podemos disfrutar todos los días. Muchas personas que viven en la ciudad no han visitado los monumentos que tenemos, ni han descubierto el arte que se puede ver. Sin embargo, hacen kilómetros para conocer otra ciudad y no hacerlo en la que viven», señalan.

Salamanca tiene arte no solo en el Casco Antiguo, también la encontramos en obras arquitectura de los años treinta, cuarenta, cincuenta y sesenta de nuestra ciudad. Sin olvidar las estatuas de artistas como Antonio Casillas, Narcisa Vicente Rodríguez, Salud Parada Morollón, Fernando Mayoral, Nicasio Sevilla o Hipólito Pérez Calvo,… que se topan con los paseante en plazas y calles de la ciudad.

Quizá por esta influencia, los empresarios hosteleros de finales de los setenta y principios de los ochenta pensaron que sería interesante contar con estudiantes de Bellas Artes o con artistas para decorar sus bares y así, armonizar sus establecimientos con la belleza que se encontraba por toda Salamanca.

Así surgieron: El Moderno, que aún está, o desaparecidos como El Callejón, parte de El Puerto de Chus o El Submarino. Bares temáticos como El Metro, El Country, que era un homenaje a Gaudí,… Y así, hasta que Ángel Bajo, el diseñador de El Callejón, le dio una vuelta de tuerca a la decoración y convirtió el terciopelo en adornos y las piezas de decoración en pretexto para ponerle nombres a los bares, como El Tíovivo, la Posada de las Almas, donde los ‘obispos’ sirven copas o El Capitán Haddock (del que escribiremos después), con su secuela en el Milú. De la literatura también se nutrió La Regenta. (Somos conscientes de que faltan nombres de bares).

Salamanca era un laboratorio de ideas para los artistas y los empresarios querían darle un plus a sus clientes y lo consiguieron con estos alumnos creativos. Tal fue el fenómeno que muchos hosteleros de otros lugares vinieron a la capital charra a empaparse de esos ‘museos’ donde se servía copas.

Llegaron los noventa y arrasaron con todo, incluso con esto. Los empresarios de la noche dejaron de apostar por la belleza en sus locales y se limitaron a ser expendedores de bebida. Les sirvió durante años, pero parece que ahora, si quieren conquistar a los jóvenes, tendrán que esforzarse, lo mismo que hicieron aquellos empresarios que surgieron en los años de la Transición, porque ésta no solo fue política, también cultural, social, económica… Ahora que tanto y tanto se habla de la Transición, es momento de coger las ideas al vuelo.

Como hemos señalado, Cristina y Claudia estudian 1º de Bachillerato en Arte en el Calasanz, colegio que apuesta por primera vez este curso por este tipo de Bachillerato, explican que cuando se estructuró el contenido académico pensaron que era muy interesante buscar el arte en la ciudad. Así, en el primer trimestre lo han buscado en los lugares de ocio nocturno; En el segundo, se adentrarán en los portales de las viviendas y el tercero, buscarán el arte en el comercio de Salamanca.

Claudia Reinoso buscó el arte en La Chica de Ayer, establecimiento de ocio ubicado en la Gran Vía, y en el Bar 22, en Varillas. Quizá ‘herederos’ de aquellos bares de los ochenta. Los empresarios han contado con la imaginación y creatividad del artista Jean Claude Cubino.  La Chica de Ayer está ambientado en los años sesenta, donde el tapiz del ciervo convive con la mesa camilla y los playmobil forma parte de la ‘fauna’.

El Bar 22, en la calle Varillas, está inspirado en la música y las bandas. El techo está decorado con CDs o las lámparas son casettes, «También hay referencias a Nirvana, a la música, que es un lenguaje universal y lo importante que es en un bar. Me encanta la cultura del reciclaje, como ha convertido los CDs en arte. Me gusta mucho Jean Claude porque le da una segunda vida a algo que ya no la tenía», explica Claudia Reinoso.

Por su parte, Cristina Hidalgo eligió El Capitán Haddock en homenaje a su madre. «Allí tuvo una historia. Además, la decoración es fascinante». Cristina tuvo la oportunidad de hablar con el artista que lo decoró hace más de dos décadas, Ricardo Flecha.  De la idea de Flecha queda poco, porque cambio de dueños. «Ricardo me contó que cuando volvió a entrar, no se encontró ni la mitad de lo que él había hecho, ni de la historia, ni el significado con el que lo creó».

Cristina, Claudia… ¿Os gusta que en los bares o en los locales haya arte?
Es muy importante. Ponte en la situación de entrar en un bar que esté vacío y otro que tenga objetos. Este último, te puede dar tema de conversación…. porque preguntas, investigas,…

¿Recomendaríais a los empresarios que se paren a pensar un poco en la decoración de sus negocios?
Sí. Nosotros vamos a un bar y no es lo mismo si estos tienen una mesa y sillas, a si están decorados, que tengan un sentido o que tú busques ese sentido. Los jóvenes cuando vamos a un local así, lo recordamos. Si los empresarios empezaran a transformar sus bares, sus comercios,… nos llamarían la atención y los recordaríamos y volveríamos.

Os gustaría que ofrecieran otras expresiones artísticas de tipo… Cuentacuentos, conciertos, recitales de poesía, exposiciones,…
Si. Además sería una cadena. Si el empresario deja que el artista muestre su creatividad, después vendrá el fotógrafo y hará fotos para hacer la publicidad,… y así se mueve el mundo del arte. El empresario se sirve de la creatividad y los artistas pueden vivir de su trabajo.

Claudia Reinoso y Cristina Hidalgo, delante de las vidrieras de Jacinto Orejudo en el colegio Calasanz.
Cristina Hidalgo y Claudia Reinoso, delante de las vidrieras de Jacinto Orejudo en el colegio Calasanz.

La cultura, en todas sus variantes, contribuye notablemente al PIB de nuestro país. Quizá si los empresarios cogieran al vuelo esta idea lanzada por Cristina y Claudia, dos estudiantes de 1º de Bachillerato de Arte en el colegio Calasanz de Salamanca, contribuiría a que los artistas salmantinos dejaran su impronta, su creatividad y volveríamos a vivir un renacer en el mundo artístico de esta ciudad universitaria, con una facultad de Bellas Artes, un Conservatorio Superior,… y unos 30.000 jóvenes que viven, con lo que conlleva, durante nueve meses en Salamanca.

«No solo queremos salir por salir, queremos salir y aprender algo nuevo. Enriquecerte todos los días. En Salamanca estamos rodeados de arte por todos los lados, solo tenemos que pararnos y percibirlo», señalan las estudiantes.

Cristina y Claudia, al igual que los alumnos del colegio Calasanz en Salamanca, tienen la oportunidad de ver el arte dentro de su propio colegio. Las vidrieras que decoran la escalera o el salón del colegio son de Jacinto Orejudo, uno de los artistas que ha dado esta tierra.  «Había fallecido y nos lo comentó nuestro profesor – Javier Blázquez– nos habíamos fijado en las vidrieras, pero no sabíamos quién era».

Salamanca tiene mucho arte y a veces solo tenemos que levantar la vista.


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