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Jesús Málaga

Los accesos al barrio de Buenos Aires y la Vaguada de la Palma

JESÚS MÁLAGA: ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’ (Memorias de un alcalde)

Otra de las acciones que realizamos en el 82 fue la de los accesos a las viviendas del barrio de Buenos Aires. El Ayuntamiento compró los terrenos por 5 millones de pesetas y realizó las obras a su costa. El MOPU financió la urbanización de las calles del interior del nuevo barrio.

Uno de los proyectos de urbanización más interesantes que he vivido y que transformó la ciudad vieja fue el de la Vaguada de la Palma, nombre que nosotros pusimos, más acorde con la geografía del terreno. Pablo Beltrán, años antes, la bautizó como Gran Vía de la Palma. El primer proyecto se redactó a finales de 1982 y tenía un solo fin, trazar una carretera que atravesara el barrio maldito para que los salmantinos, que no se atrevían a cruzarlo, pudieran hacerlo en coche. Lo conseguimos, los automovilistas para atajar en sus recorridos transitaban por aquella vía, al principio los más osados y solo hombres, con el tiempo la mayoría, también mujeres. Habíamos roto el tabú que existía cuando estudiaba la carrera de medicina. Para ir a la Facultad de Letras, si íbamos con chicas, teníamos que rodear por la calle de la Compañía.

La obra de la Palma tuvo que superar el problema de las expropiaciones. Al no conseguirse todas las necesarias el trazado de la carretera tuvo que hacerse en curva para salvar los solares de titularidad privada. La Palma antes de la obra parecía una ciudad recién bombardeada. Mantenía su marginalidad desde el final de la Guerra de la Independencia y todos los Ayuntamientos habían chocado con el inconveniente sin solucionarlo. Un problema enquistado en el corazón de la ciudad. La segunda acción realizada en la Vaguada de la Palma fue la de plantar árboles en la ladera, en los terrenos públicos debajo de las instalaciones deportivas de la Universidad de Salamanca.

En septiembre de 1986 se aprobó el proyecto para todo el conjunto de la Vaguada de la Palma, se contemplaba una inversión de 182 millones, una cantidad exorbitante para la época. Fue el precio a pagar por pasar de un montón de escombros a lo que hoy podemos contemplar.

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