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Jesús Málaga

La Casa de Lis

JESÚS MÁLAGA: ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’ (Memorias de un alcalde)

Este fue el caso de la Casa de Lis, joya del modernismo español, que se salvó de milagro. Acababa de tomar posesión de la alcaldía, en los últimos días de abril de 1979. A media tarde me encaminé con María José al Barrio Antiguo para dar un paseo. Nos íbamos lamentando del estado de ruina del mismo cuando llegamos a la calle Gibraltar. Aquella mañana había sido informado de la petición del dueño de la casa, el cura de Armenteros, Juan Trujillano, pidiendo permiso para derribarla. No tenía ningún tipo de protección y estaba en su perfecto derecho de tirarla abajo para construir una edificación nueva.

En el paseo observamos las puertas de la Casa Lis abiertas, y entramos hasta el patio. Encontramos familias de etnia gitana viviendo en el inmueble. Unas caballerías en el patio, paja y suciedad por todas las partes. Subimos a la parte alta y descubrimos en lo que había sido capilla, donde hoy se encuentra la exposición de muñecas, una fogata que desprendía humo que llenaba la estancia y no dejaba ver el precioso artesonado. Las columnas de carrara del mirador alto estaban siendo forzadas para llevárselas. Aterrorizados por lo que estábamos viendo le dije a María José que “o poco podía o la Casa  Lis pasaría a manos de la ciudad”.

Así fue. Iniciamos un largo proceso de expropiación que llegó al Tribunal Supremo que, por suerte, nos dio la razón. Instalamos en ella la Casa de Cultura Municipal, pero antes iniciamos un proceso de recuperación costoso y difícil. La casa tuvo que ser cinchada porque su fachada sur basculaba y tenía peligro de desprendimiento.

Conocía la casa de mis años mozos. La había visitado siendo estudiante de medicina. En ella vivían los Avelinos, sacerdotes de vocaciones tardías. Enrique Freijo, consiliario de la JEC, vivió en ella, y a verle fui muchas veces. Aunque estaba arreglada para que viviera una comunidad, todavía mantenía su aspecto primitivo. En ella habitaron: la familia Lis, que ordenó su construcción, los Esperabé y, en la Guerra Civil,  el desgraciadamente famoso, general Millán Astray.

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Un comentario

  1. Lástima que no siga siendo alcalde Málaga, al menos se preocupaba que casas con protección puntual, no se llenaran de carteles de establecimientos, como el muro de la casa con protección puntual que da al Callejón de San Marcos, el Ayuntamiento no lo hubiera consentido y la Comisión de Patrimonio de entonces tampoco

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