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Opinión

El campo charro. Ni en tu pueblo ni en el mío

Mañanas de alondras y rocío,
cantares sonoros,
silbar de tordos y zumbar del río,
balar de ovejas y mugir de toros.

Gabriel y Galán

Escribe José García Velázquez en su poema ‘Disfruta del Campo Charro’: Deja a tu mente volar, a donde la vista alcanza y disfruta de la paz del campo de Salamanca. Nada mejor para ello que caminar sin prisa bajo el sol de la mañana o, mejor, pasear en bicicleta por pequeñas carreteras del Campo Charro estas semanas. Permite disfrutar de un paisaje verde, repleto de encinas, con toros bravos, pero también con abundante ganado vacuno y, en menor medida, ovino o porcino pastando libremente al sol. Es un espectáculo digno de observación: la naturaleza en todo su esplendor debido a la lluvia de las pasadas semanas y a la clemencia del tiempo.

No puedo menos de recordar, cuando observo a vacas, terneros, cerdos y ovejas moviéndose libremente en espacios tan amplios, la polémica artificial generada hace unos meses con intereses políticos y basada en mentiras, que se aventó en los medios de comunicación tratando de confundir a ganaderos y consumidores en particular, y a la ciudadanía en general, mezclando churras con merinas, para defender la ganadería intensiva, las macrogranjas, en vez de la ganadería extensiva que es la que predomina en Salamanca, sembrando una confusión interesada para hacer creer a los habitantes del campo castellano-leonés que quienes estaban contra la ganadería intensiva estaban contra la extensiva, contra los ganaderos y contra los habitantes de los pueblos, y viceversa, cuando se trataba exactamente de lo contrario.

Ver a políticos disfrazados con chalecos de safari y zapatos de alta gama pisando, quizás por primera vez, el campo en Ávila (que les quedaba cerca de Madrid) y de otras provincias de Castilla y León fue un espectáculo deplorable de manipulación política que hizo sentir vergüenza ajena a muchas personas.

Las macrogranjas son explotaciones ganaderas intensivas con un número muy elevado de animales estabulados, alojados en naves industriales o en pequeñas celdas de plástico y alimentados empleando piensos. Allá donde se instalan deterioran completamente el territorio debido a que consumen cantidades ingentes de agua, que a veces escasea para los propios vecinos, producen olores insoportables y contaminan el suelo con purinas que, al descomponerse, producen gases contaminantes como el metano, el amoniaco y el óxido nitroso, productores de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático. Además, muchos de estos elementos contaminan el agua en superficie, se filtran a los acuíferos y contaminan las tierras y aguas próximas y aún las menos próximas al lugar donde asientan.

Castilla y León es un territorio elegido por estas empresas para instalarse, previendo quizás una menor resistencia a sus proyectos, posiblemente contando con el vaciamiento del territorio y falta de respuesta política organizada por la administración local o autonómica, cuando no con la posible complicidad de esta última. Únicamente ha existido respuesta mediante luchas de vecinos y, ocasionalmente de los ayuntamientos de los pueblos afectados que no se han dejado engañar ni sobornar. El proyecto en Noviercas (Soria), pensado para 23.500 vacas (la mayor macrogranja de Europa y entre las cinco más grandes del mundo), cuenta con la oposición de los vecinos que desde hace años se han movilizado bajo el lema “Ni en tu pueblo ni en el mío”. La reciente publicación en el BOE el 27 de diciembre del Real Decreto por el que se establecen Normas Básicas de Ordenación de las Granjas Bovinas que establece un máximo de 725 vacas lecheras ha paralizado este proyecto y otros similares que se pretendían extender por territorios de Castilla y León, Castilla La Mancha y Aragón (la España vaciada).

La publicación del Real Decreto es una buena noticia que, sin embargo, puede ser insuficiente ya que al no establecer topes territoriales permite crear granjas de hasta 850 unidades de ganado mayor y permitiría fragmentar este tipo de instalaciones dispersándolas más por todo el territorio, que, al sumar sus efectos indeseables seguirán teniendo un gran impacto ambiental. Esta legislación es un gran paso adelante, pero sigue sin apostar por un modelo de ganadería extensiva verdaderamente sostenible, de pequeña y mediana escala, como el que predomina en el campo salmantino, que es el tipo de ganadería que garantiza menor sufrimiento animal, carne y leche de mejor calidad y menor impacto ambiental.

En otras zonas de Salamanca, como la Sierra de Francia, en algunas comarcas de Zamora u otras provincias de la comunidad autónoma, existen también otros modelos de explotaciones ganaderas tanto de carne como leche y derivados, con diversificación de su producción, vinculadas al territorio y respetuosas con el medio ambiente, que son ejemplos de gestión y que no reciben todo el apoyo que deberían por parte de la Junta de Castilla y León para garantizar su sostenibilidad. Esas son el tipo de instalaciones ganaderas que necesitamos para evitar la despoblación y para que los beneficios reviertan al mismo territorio que los genera y no se los lleven a otros lugares donde radican las sedes de las empresas promotoras de macrogranjas.

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