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La Salamanca de las despedidas

Si las piedras de los monumentos de Salamanca hablasen, no nos podríamos imaginar las innumerables historias estudiantiles que nos contarían y que han observado durante los más de 500 años que llevan puestas muchas de estas piedras.

Contamos en nuestra ciudad con una de las universidades más antiguas de Europa, junto con la universidad de París, Oxford, Bolonia y Cambridge. Para Salamanca, la Universidad es el motor social de esta ciudad.

La Universidad de Salamanca brinda a la ciudad con viento fresco joven, alegría en las calles, un importante cruce de culturas: jóvenes que llegan a la ciudad procedentes de los distintos puntos de España, estudiantes de otros países de Europa –ya que Salamanca es un gran centro receptor de estudiantes Erasmus– , o estudiantes procedentes de Latinoamérica, ya que esta Universidad tiene tendida la mano a muchas universidades de estos países. Este mestizaje característico que se disfruta en el ambiente universitario es uno de los tesoros que nuestra ciudad guarda.

Resulta muy agradable contemplar a principios de septiembre las típicas novatadas de las distintas facultades o los colegios mayores, al igual que las fiestas patronales de muchos centros que se celebran los jueves, y que –por mucho que se critiquen- es uno de los grandes atractivos con los que contamos, que llenan de color y alegría las calles del centro de la ciudad.

Estas fiestas tradicionales han ido cambiando con el paso del tiempo, ofreciéndonos en la actualidad auténticos desfiles de disfraces. Cuando llega el final de curso tienen lugar las graduaciones –celebraciones del fin de los estudios-, las fiestas de despedida de los colegios mayores, y pronto este escenario salmantino se va convirtiendo en el de una triste despedida. Esta ciudad, que ha sido tan agradable para cualquier estudiante –su ambiente, tranquilidad, calidad de vida, oferta académica- no lo es tanto cuando el recién titulado tiene que abrirse paso al mundo laboral.

Por este motivo, la realidad social de Salamanca es muy cambiante y cíclica. Salamanca es una ciudad que abre sus brazos a muchos estudiantes cuando estos tienen dieciocho años y la eligen como destino para realizar sus estudios. Sin embargo, pasados unos cinco años, nuestra ciudad no tiene nada más que ofrecer a estos estudiantes, que tras haber disfrutado aquí los mejores años de su vida tienen que regresar a sus localidades de origen, marchar a grandes ciudades en busca de un porvenir, o marchar al extranjero. Salamanca es una ciudad de paso, una ciudad de bienvenidas y sobre todo de tristes despedidas. Es muy difícil encontrar a una persona que haya estudiado en Salamanca y que no sienta una gran nostalgia de época estudiantil. Salamanca deja una gran huella en la historia de las personas.

La despedida de Salamanca no es nada fácil. El lugar donde han conocido a grandes amigos y compañeros de Universidad, donde han dedicado unos años muy especiales de esfuerzo, diversión y muchas experiencias incalculables quedará guardado para siempre en el corazón de muchos estudiantes, evocando esos versos que decía esa vieja canción de la tuna:

“Adiós…Adiós…Adiós, aulas de mi querer donde con ilusión mi carrera estudié. Adiós mi Universidad, cuyo reloj no volveré a escuchar”

Por José Manuel Muñoz Félix


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