
Guerra, nunca
Hay un aliento que recorre el mundo, la diversidad y a cada uno. Lo respira la gente sencilla, los aclamados, los vestidos de púrpura y los desnudos. Está anclado en el tiempo, es de una prodigiosa belleza y se halla en todas las direcciones. Cualquiera puede adoptarlo, se tenga o no alma, sea principio o final. Su grandeza es que a todos beneficia y cada cual puede ponerle el nombre que quiera. Yo, hoy: NO A LA GUERRA. Basta ya (…)
















































