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Jesús Málaga

Los estudios de Psicología

JESÚS MÁLAGA: ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’ (Memorias de un alcalde)

Terminé mi diplomatura en psicología y llegaron los años de mi incorporación al claustro de la recién nacida Facultad de Psicología para explicar Psicopatología del Lenguaje. Después llegó, en 1979, la creación de las Escuelas Superiores de Logopedia y de Psicología del Lenguaje. Desde entonces he sido testigo privilegiado de la trayectoria universitaria de la doctora Martín Tabernero. Seguir su paso por los distintos puestos directivos en la facultad y en la universidad nos descubre una mujer entregada a su tarea, nada fácil, de conseguir lo mejor para su Universidad a la que ha servido hasta la extenuación.

En sus años de decanato, Tita, continuando con la ingente labor de Enrique Freijo y Gerardo Pastor, puso la Facultad de Psicología en un lugar de privilegio. Nuestros estudios tienen prestigio en España, como lo demuestra que nuestra titulación, a pesar de la competencia de las numerosas facultades de psicología existentes en nuestro país, era y es escogida cada año por un gran número de alumnos. Nada más hay que dar un vistazo por lo que está pasando en el resto de facultades y universidades de nuestro entorno. El número de alumnos desciende en la mayoría de las universidades, quizás por la proliferación excesiva de las mismas y por el hecho de que obtener hoy un título no es sinónimo de lograr un puesto de trabajo. Mientras esto ocurre a nuestro alrededor, la UPSA, y más en concreto nuestra facultad, crece en alumnado.

Como ahora estoy fuera de la Universidad, disfrutando de la jubilación, puedo permitirme el lujo de expresar en voz alta algo que seguramente pensaron en su día una gran mayoría de los profesores, del personal no docente y de los alumno de la Universidad Pontificia de Salamanca. La UPSA perdió una magnífica rectora. Tita es una mujer preparada, adelantada a su tiempo, pero, siendo mujer, llegó demasiado pronto a puestos de responsabilidad y sufrió lo que hoy se conoce, y entonces ignorábamos, como “techo de cristal”, del que hablan los expertos cuando se trata de la promoción de las mujeres. Una barrera invisible que hace que ellas tengan más dificultades para llegar a puestos de responsabilidad, teniendo igual o mayores capacidades, que los hombres.

Una universidad abierta, libre y crítica como la Universidad Pontificia de Salamanca no fue capaz de superar, eso sí democráticamente, la posibilidad de que una mujer fuera su rectora. Una seglar, además mujer, era algo tan novedoso que grupos de presión de distintas facultades se movilizaron para evitar algo para lo que, según se decía entonces por los pasillos, nuestra Universidad no estaba todavía preparada.

Después de esa experiencia electoral Tita siguió ocupando el puesto de vicerrectora como si nada hubiera pasado. La encargaron de la economía en una Universidad con escasos recursos, donde cada día hay que asegurarse los ingresos para poder funcionar adecuadamente. De cada una de las pruebas ha salido airosa. Pero si algo define el comportamiento de Tita en los distintos órganos de gobierno en los que ha estado es la eficacia, la fidelidad y la discreción. De su boca nunca ha salido una queja, un mal gesto o un comentario crítico.

Conocí a sus progenitores y puedo decir que Tita tiene un gran parecido con Ángel Martín, su padre, charro lígrimo, amante del campo y de su familia, firme en sus convicciones, discreto y, sobre todo, bueno.

Ahora que Tita se ha jubilado puede dedicar parte de su tiempo a realizar sus aficiones preferidas, el campo, la visión del toro de lidia en libertad, la lectura, los viajes, frecuentar la familia y, cómo no, estar con los amigos. Entre esos amigos estamos nosotros que siempre hemos visto en ella un ejemplo de vida y un espejo de cordura, bonhomía y bien hacer.

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