Opinión

La nueva normalidad precisa de urbanidad y civismo

 

Parece obligado referirse al final del proceso de desescalada y comienzo de la que ha venido a llamarse “nueva normalidad”, que se inicia este 21, quince minutos después del comienzo oficial del verano.

 

Ahora, que todo lo sucedido comienza a difuminarse tanto en la memoria individual como en la colectiva, y que parece una pesadilla de la que acabamos de despertar, corremos el riesgo de salir “en estampida” y, precisamente por ello, es preciso recordar y poner en valor el esfuerzo realizado por la mayoría de los ciudadanos, especialmente durante el periodo de confinamiento.

Sin embargo, no debemos olvidar lo sucedido, porque puede volver a suceder, y tenemos que tratar entre todos de reducir al mínimo esa posibilidad. Un segundo brote de la pandemia, y un nuevo enclaustramiento, sería psicológicamente mucho más duro de aceptar y soportar, y tendría para todos efectos mucho más devastadores que los vividos hasta ahora, pero especialmente para las personas socialmente más débiles.

Los ciudadanos debemos colaborar respetando las recomendaciones que se establezcan como el uso de mascarillas y el mantenimiento de la distancia de seguridad, y a las autoridades sanitarias les corresponde establecer los protocolos que debemos seguir en los casos en los que exista sospecha fundada de tener una infección por coronavirus, en cuyo caso lo mejor es autoaislarse en el domicilio y contactar rápidamente con los servicios sanitarios.  También hay que recordar que debemos ser responsables en el uso de estos servicios para facilitar la vuelta de los mismos a la situación previa a la pandemia.

Esta columna quiere unirse a la llamada a la responsabilidad a toda la ciudadanía, ya que somos los ciudadanos, junto a los profesionales sanitarios, los que hemos hecho posible llegar donde estamos ahora, y somos también nosotros con nuestro comportamiento cívico, los que podemos evitar una vuelta atrás que nadie desea.

Existen algunas palabras en desuso que podemos recuperar y poner en práctica entre todos; una de ellas es urbanidad, que es el comportamiento acorde con los buenos modales, que demuestra buena educación y respeto hacia los demás. Otra, más apropiada para la situación actual, es civismo, cuyo significado es parecido, pero no exactamente igual. Civismo es el comportamiento que cumple con los deberes de ciudadano, respeta las leyes y contribuye al funcionamiento correcto de la sociedad y al bienestar de los demás miembros de la comunidad.

Siempre, pero más que nunca ahora, somos responsables de nuestro proceder y de la influencia del mismo en nuestra vida y en la de las personas que nos rodean, sean familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o simplemente ciudadanos. Tengamos urbanidad y civismo.


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3 comentarios

  1. Si yo tengo que volver a pasar lo que he pasado…no lo quiero ni pensar!!! Con urbanidad o civismo,me da lo mismo…pero tomen conciencia POR DIOS!!!!

  2. Está muy bien esa llamada a la responsabilidad, la urbanidad y el civismo.
    Pero no está demás recordar que el respeto a las leyes no tiene que ser absoluto, por encima de la legalidad está la moralidad, porque en una situación injusta concreta, lo que procede es la desobediencia civil.
    Por esta razón el nazismo, aunque fuera legal, hay que condenarlo y por lo tanto rebelarse contra él era un imperativo moral.

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