Jesús Málaga

La clarificadora de nueva generación

La nueva depuradora supuso una inversión municipal de 350 millones de pesetas en la primera fase. Se construyó junto a la vieja clarificadora, en la Aldehuela. Y al terminarla fuimos noticia nacional por haber incorporado la floculación-coagulación mediante reactivos químicos, y la gran novedad, la desinfección con ozono. El empleo del O3 aportó al agua de Salamanca una calidad mayor de la que siempre había gozado. El agua del Tormes tiene buenas propiedades de sabor, olor y color, con el ozono mejoraban ostensiblemente. Conseguimos que se aprobara iniciar la obra por el Ayuntamiento en un Pleno celebrado en febrero de 1984 y que fuera por unanimidad. Ningún partido político se quería quedar fuera de un acuerdo sobre el agua y que en el caso de surgir problemas se les pudiera echar en cara.

La obras se realizaron a toda velocidad, y en septiembre de ese mismo año la nueva potabilizadora suministraba a la ciudad 400 litros de agua por segundo, agua que se unía a la que clarificaba la vieja, que había comenzado su andadura en la década de los 50, cuando estábamos saliendo de los años del hambre. La red contaba con 1.200 litros por segundo, podíamos dormir tranquilos.

La segunda fase de la potabilizadora fue financiada por la Junta de Castilla y León que aportó 417 millones de pesetas para las obras hidráulicas de la ciudad de Salamanca. Por ley, los ayuntamientos con más de 20.000 habitantes no podían recibir ayudas superiores al 70% del coste total de la obra. En este caso la Junta aportó el 100% al tratarse de un servicio esencial. Estábamos en los primeros años de existencia de la Junta, que acababa de recibir las competencias del MOPU y, además, en aquella época los gobiernos de Demetrio Madrid y José Constantino Nalda fueron generosos con Salamanca.

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