Opinión

Universidad de Salamanca: Objetivo cumplido

 

A punto de finalizar el primer trimestre del curso en la Universidad de Salamanca hay que felicitarse de la forma en que ha transcurrido, sin grandes incidencias derivadas de la pandemia COVID para lo que hubiera podido esperar.

Para poner en valor lo sucedido hay que retrotraernos a los meses del verano, llenos de incertidumbre acerca del desarrollo del curso, donde el objetivo para la Universidad, y para la propia ciudad, era conseguir una enseñanza presencial segura. Ese objetivo se ha cumplido en gran medida y, aunque la ‘nueva normalidad’ dista mucho de la normalidad en la que hemos vivido los cursos anteriores, y que esperamos recuperar en los próximos, se puede asegurar que, dadas las circunstancias, el objetivo se ha conseguido sobradamente.

Salvadas pequeñas incidencias acaecidas al inicio del curso en algunos colegios mayores, que se cortaron de raíz por el Rector y las autoridades académicas, la Universidad no ha sido un foco de transmisión del virus, y los casos acaecidos han sido mayoritariamente por contagios que han tenido lugar fuera de la propia Universidad.

Por otra parte, las clases y prácticas se han mantenido de forma presencial en una medida razonable y todos hemos aprendido a desarrollar y aplicar otros métodos docentes complementarios on line, que han venido para quedarse con y sin Covid, aunque hay que señalar la necesidad de recuperar en el futuro la enseñanza presencial y darle el protagonismo que, ahora que la hemos perdido en alguna medida, sabemos valorar en toda su valía.

Disponer de nuevos métodos docentes no debe ser una disculpa para en futuros cursos mantener el absentismo de profesores y alumnos de los centros universitarios, que constituyen el punto de encuentro y transmisión de conocimientos y, sobre todo, de actitudes. Este debe ser el objetivo principal de la Universidad. Posiblemente los conocimientos y aptitudes puedan ser impartidos por procedimientos on line, pero las actitudes no y la Universidad debe transmitir no solo conocimientos, sino que debe formar a sus alumnos en cultura y valores humanos, transferencia que solo de forma presencial puede realizarse.

Si durante la pandemia nos extrañamos primero, y nos acostumbramos después, a apreciar la belleza de la Plaza Mayor de Salamanca vacía, aunque todos añoramos volver a disfrutar de ella como punto de encuentro, lo mismo, y en mayor medida, sucede con las facultades universitarias. Ver sus edificios vacíos o semivacíos, sin el bullicio que les pertenece por derecho propio, es una imagen desoladora que debemos desterrar en cuanto sea posible. La agitación juvenil en sus pasillos es tan consustancial a la institución como el silencio y la atención en las aulas.

Es necesaria la vuelta de los profesores a las aulas, es preciso el contacto directo con los alumnos y retomar, con más ímpetu si cabe, una relación que va más allá del estricto marco académico. Ese es el reto para los próximos cursos y conseguirlo no va a ser fácil, será preciso desterrar secuelas intelectuales y malos hábitos de trabajo adquiridos y posiblemente arraigados durante el curso actual. Tiempo habrá para el análisis crítico y para corregir desviaciones de la excelencia académica.

No obstante, ahora, al finalizar el primer trimestre, cuando se produce una diáspora de alumnos que vuelven a sus ciudades de origen para pasar las vacaciones de Navidad es preciso, una vez más, llamar la atención de todos los universitarios: hay que extremar los cuidados para no llevar el virus desde Salamanca a sus familias y, es igualmente importante tener mucho cuidado para no traerlo a Salamanca a la vuelta, cuando se reanude la actividad docente.

Felices vacaciones a todos y no olvidar que, al igual que el resto del año, la Navidad es mejor sin virus, por ello es fundamental mantener las precauciones habituales: evitar situaciones de riesgo, usar mascarilla y mantener la distancia social. ¡FELIZ NAVIDAD!


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