Opinión

Condiciones de trabajo de los profesionales sanitarios (II)

 

(Herzberg’s dual factor theory)

Si faltan profesionales sanitarios es porque una parte importante de ellos, los más jóvenes, mejor preparados y con menos ataduras personales o familiares han decidido emigrar para continuar su formación en el extranjero o, directamente, para trabajar en otros lugares. ¿Por qué lo hacen? Desde luego no porque tengan “espíritu aventurero” como se mofaba una ínclita ministra del gobierno anterior.

Se van, en primer lugar, porque desde hace más de una década aquí se les ha ninguneado y maltratado ofreciendo puestos de trabajo y contratos precarios. Para quienes no conozcan la situación trataré de hacerme entender.

No existe una definición de competencias para cada puesto de trabajo, todos están cortados por una única exigencia (el título de especialista correspondiente), sin definir competencias específicas, lo que significa que se exige lo mismo para ser especialista en un hospital comarcal de primer nivel o para trabajar en un área de alta cualificación tecnológica en un hospital de cuarto nivel.

Puestos de trabajo a los que al finalizar la especialidad se accede por un procedimiento de “bolsa de empleo”, en la que se determina la prioridad para adjudicar el puesto de trabajo en base a la antigüedad en apuntarse a la bolsa, y no en base a disponer de los conocimientos y aptitudes que exige el puesto que se trata de cubrir, lo que significa que los jóvenes mejor preparados no tienen ninguna oportunidad frente al peso de la antigüedad. Al día siguiente de finalizar la residencia, a primera hora de la mañana, realizan una verdadera carrera para ser los primeros en apuntarse a dicha bolsa (llegar unos minutos antes que otro candidato puede decidir tener o no trabajo).

Lo mismo sucede en los concursos de traslado y oposiciones. En este último caso los puntos de corte en los exámenes que permiten el paso a la siguiente fase son tan bajos que apenas discriminan y después es, fundamentalmente, la antigüedad la que determina el orden de adjudicación, puesto que la puntuación de los méritos profesionales es también igualitarista a la baja y al alcance de todos. La excelencia aquí no sirve de nada, se alcanza el tope de puntuación por el mero hecho de tener la especialidad correspondiente y con cursos “on line” de dudosa o nula calidad formativa y que, por supuesto, tiene hechos todo el mundo. Es especialmente doloroso que a los investigadores, médicos o enfermeras que han salido al extranjero a completar su formación ni siquiera les cuenten los años pasados formándose fuera de España.

Contratos precarios, por semanas (excluyendo fines de semana para no pagar la seguridad social correspondiente) o meses que, en el mejor de los casos, se van acumulando durante largos periodos de tiempo, sin ninguna estabilidad, lo que impide a los más jóvenes tomar decisiones acerca de su vida profesional, personal y familiar.

A pesar de todo, aquellos que mantienen el estímulo y deciden continuar su formación deben hacerlo a base de su tiempo libre, fines de semana incluidos, y financiando de su propio bolsillo dicha formación o recurriendo a fórmulas poco recomendables como es la financiación por empresas privadas con intereses económicos en el sector sanitario.

Después de todo esto ¿Cómo es posible que haya quien se extrañe que nuestros mejores profesionales se marchen? ¿No es posible cambiar la política de recursos humanos para estimular su arraigo? Parece que no es posible porque existe gran resistencia por parte de la administración y de los sindicatos al respecto y ninguno mueve una coma para cambiar el estado de las cosas en la denominada mesa sectorial.

Sin embargo, las cosas pueden ser diferentes. Voy a explicar un ejemplo concreto, un caso real, sucedido no hace demasiado tiempo (antes del COVID). Una profesional recibe una oferta de trabajo de un hospital de Londres. La oferta incluye billetes de avión, un apartamento gratis facilitado por el hospital durante un periodo de tiempo, contrato indefinido, un salario muy superior al que hubiera cobrado aquí, cursos de perfeccionamiento de inglés en el hospital, pagados y dentro de su jornada laboral, formación especializada también financiada por el hospital y también dentro de su jornada laboral o con compensación horaria si tiene que ser en tardes o fines de semana. Cuando se incorpora al puesto de trabajo comprueba que la práctica profesional se ejerce de una forma muy diferente a nuestro país, completamente protocolizada y con controles de calidad para garantizar la seguridad de pacientes y profesionales, y que se valora el compromiso y la dedicación a la institución. Su grado de satisfacción con la decisión de emigrar fue muy elevado y el ejercicio profesional un “chute” de motivación (Herzberg’s dual factor theory). Nada que ver con la realidad a la que estamos acostumbrados aquí.

Nuestros profesionales sanitarios son demandados y valorados en numerosos países: Reino Unido, Suecia, Noruega, Dinamarca, Alemania, Austria y más recientemente Francia, pero no solo. Tienen prestigio por su formación y dedicación al trabajo, y además les salen gratis, puesto que su formación universitaria y su especialización la pagamos en España.

Muchos querrían quedarse, pero si no tienen razones personales muy poderosas para hacerlo se van. ¿Ustedes que harían? Pues eso, ellos se van, y mientras tanto aquí tenemos cada vez un déficit mayor de enfermeros/as y de médicos/as, que la pandemia ha puesto de manifiesto pero que viene de antiguo.

Hace unos meses una médica española trabajando en un hospital de Berlín decía que no pensaba volver aun cuando le ofrecieran un puesto de trabajo con mejores condiciones. Preguntada acerca de que exigiría para estar dispuesta a volver, aseguraba que cuando viera que a sus compañeros que se habían quedado en España les habían igualado, o al menos aproximado, las condiciones de trabajo que disfrutaba ella en Alemania, es cuando creería que los políticos y gestores sanitarios habían aprendido la lección, y entonces regresaría entusiasmada para contribuir con su grano de arena a mejorar la asistencia sanitaria. Son tantos años de desencanto que los profesionales no se creen ya los cantos de cisne. Mientras tanto, aquí llamamos fidelización de residentes ofrecer contratos precarios. Menuda fidelización es esa, así no se fideliza nadie.

Independientemente de las condiciones laborales de los profesionales que trabajan en España, este punto enlaza también con la ausencia de procedimientos de contratación que permitieran recuperar a profesionales de prestigio, con trayectorias clínicas, docentes e investigadoras excelentes, que pudiera interesar a los hospitales o universidades que regresaran para potenciar la excelencia en campos o áreas que pudiera ser conveniente o necesario. Con el sistema actual tampoco es posible.

Más allá de la pandemia necesitamos urgentemente cambiar las condiciones de contratación y también las condiciones de trabajo de los profesionales sanitarios. Si no se llevan a cabo los cambios necesarios continuaran emigrando y seguiremos con un déficit de personal que llevará a la devaluación permanente del sistema sanitario (ese sistema que le atiende a usted cada día) y que arrastrará también en su caída a las facultades de medicina y a los institutos de investigación. No crean que es tremendismo, ¡está sucediendo ya!

 

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Un comentario

  1. Ningún otro colectivo profesional habría sufrido en calma lo que están pasando médicos y enfermeras, mientras los políticos cobran sueldos sustanciosos, silban y miran para otro lado.

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