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Opinión

Recordando a José Luís Martín y al IRCL

 

El 17 de octubre de 2004 moría José Luís Martín Rodríguez, figura relevante en la vida política de la Salamanca de los años setenta y ochenta. Martín, nació en 1936 en Monleras, ese pequeño municipio a las puertas del embalse de Almendra. De los de este pueblo se dice que son audaces y valientes. Así debe ser, porque buena parte de la vida política de José Luís Martín se desenvolvió en una época en la que ser decidido y audaz no sólo era una exigencia de las circunstancias políticas sino que era arriesgado; y mucho. Militante antifranquista, firmante con otros clásicos de nuestra universidad de entonces como Koldo Michelena y Gloria Begué  del manifiesto en protesta contra la Ley de Orden Público, muñidor de la Junta Democrática en Salamanca con Inocencio García Velasco y Castro Rabadán, maestro de pueblo, castellanista, y finalmente, y a su pesar, y al nuestro, gobernador civil de Salamanca entre 1982 y 1984.

Su faceta académica gozó de gran prestigio profesional con diferentes monografías dedicadas a la historia medieval de la península ibérica. Pero no es este un artículo dedicado a ensalzar sus méritos profesionales porque para muchos José L. Martín es el autor de “Castellano y Libre, mito y realidad “ (Ed. Ambito.1982) una sencilla e imprescindible brújula para no perderse en los laberintos territoriales de la edad media castellanoleonesa, siempre codiciado objeto de interesadas manipulaciones y groseras ficciones políticas. Como decía, no es el objeto de este artículo glosar los méritos académicos y curriculares de José Luís Martín ampliamente conocidos, sino el de reivindicar su trayectoria política que siempre nos pareció coherente y apasionada. Martín era un personaje singular; había rodado como maestro por varios pueblos de la provincia de Salamanca y conocía perfectamente y de primera mano, las secuelas que la despoblación y el subdesarrollo iban dejando en el mundo rural castellano. Esa impronta de pelear por los desprotegidos de nuestra tierra marcaría su filosofía personal y política. No fue el único, pero sí el más relevante.

Con varias centenas de intelectuales del ámbito universitario fundó a principios de 1976 el Instituto Regional Castellano Leonés. Entidad señera del autonomismo que irrumpiría con un mensaje novedoso en el panorama político regional en un contexto ciertamente complicado, con una parte de la sociedad castellana abanderando con masoquismo, la maternidad y capitanía de la mismo Estado que llevaba décadas ignorándola. Según se cuenta, los afiliados de IRCL tuvieron la genial idea de camuflar los estatutos de la organización, como Sociedad Anónima para que no cayera en manos del ministro de la gobernación, el control de sus fines. Aún faltaban meses para que se publicara la Ley de Asociaciones Políticas.

Al poco de fundarse el IRCL, en abril de 1976, la organización convocó una concentración en Villalar de los Comuneros. La reunión que iba a estar amenizada por Julia León, Agapito Marazuela y el Nuevo Mester de Juglaría, no fue autorizada por Manuel Fraga y la guardia civil acabó cargando entre los pinares contra los revoltosos. El episodio saltó a la prensa regional y desde entonces, aquellos trescientos alborotadores lucirían con orgullo los galones de haber estado presentes en el mítico Villalar del 76. Las siguientes ediciones, sin amparo institucional, acabarían congregando a miles de personas.

El documental de los hermanos Bartolomé “No se os puede dejar solos” (1980), centrado en la transición española recoge un pasaje referido a la fiesta comunera titulado, “Castilla, rebelión en la cuna del centralismo”. Había sido grabado un año antes, y en él se documenta la estrecha colaboración entre el antifranquismo y el castellanismo. Lo que unió las porras de la Guardia Civil, difícilmente lo separa el tiempo. Desde su inicio la celebración de Villalar ha tenido esa impronta antirrepresiva, libertaria y castellana que ha adornado cada 23 de abril, y que debemos en parte al IRCL y a los demás grupos que recogieron el relevo.

En Salamanca la influencia del Instituto Regional Castellano Leonés sobre las formaciones políticas de izquierda fue total. Tanto el PSOE como el PCE y sus respectivas juventudes, como recordaba el dirigente de IU, Gorka Esparza, “compartían la esencia combativa del discurso del IRCL”, discurso que además, se enriquecía en otras formaciones como el Movimiento Comunista de Castilla-León o el Partido del Trabajo de Castilla-León. Pese a su influencia, las elecciones del 1 de marzo de 1979 sorprendieron los regionalistas sin la necesaria articulación orgánica y en consecuencia, la entidad como tal, no logró formalizar ninguna candidatura. Si bien una parte de los miembros del IRCL aparecían como candidatos en otras listas principalmente de partidos muy de izquierda, éste no fue el caso de José Luís Martín que presentó una lista al senado encabezada por él mismo, la Candidatura Regional Salmantina. La experiencia electoral debió resultar para Martín altamente satisfactoria pues en una campaña atípica y dominada por las grandes maquinarias electorales nacionales, los resultados se tradujeron en un fuerte respaldo: más de 17.000 votos (un 9% de los sufragios emitidos en la provincia salmantina). Hasta hoy, el resultado constituye el episodio más cercano a la representación institucional estatal que ha tenido el castellanismo en su historia.

La personalidad hiperactiva y arrolladora de Martín no había pasado desapercibida para el partido socialista en Salamanca que terminó reclutándole para sus siglas en una operación táctica -aún sin aclarar- que concluyó con el nombramiento de Martín como Gobernador Civil de Salamanca en 1982. Sin embargo, tal apuesta, que dejó huérfano al espacio regionalista en la provincia sólo podía acabar mal. Martín, que se había fajado en las protestas antinucleares contra la fábrica de combustible nuclear en Juzbado, dimitió en el verano de 1984 para no mostrarse cómplice con la puesta en marcha de la instalación defendida por su partido en Madrid. A su vez, el PSCL arrastrado por las urgencias y estrategias del gobierno de González, acabaría torpemente involucrado en el proyecto IPES que pretendía convertir a Las Arribes en un cementerio nuclear. La renuncia de Martín alimentaba las sospechas de la población local sobre la verdadera posición de los socialistas. Este episodio, fue según algunos observadores, lo que llevó a los socialistas a perder el gobierno regional en 1987.

Retirado ya de la actividad política, José Luís Martín, fue nombrado en 1988 presidente de la Comisión Organizadora del Primer Congreso de Historia de Salamanca y posteriormente ejerció como director del Centro de Estudios Salmantinos durante casi una década. En sus últimos años, dirigió la publicación de la Historia de Salamanca, obra que está en numerosas estanterías salmantinas.

Murió tal día como hoy, hace diecisiete años. El Psoe no ha vuelto a gobernar en Castilla y León, Juzbado no tiene los cientos de empleos que se prometieron, la despoblación rural se ha agudizado y el castellanismo está en un proceso de refundación permanente. Pero al menos Aldeadávila no alberga un cementerio nuclear y Monleras sigue acunada por el Mar de Castilla.

Por: Foro Castellano

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Un comentario

  1. José Luis Martín simboliza una época en Salamanca que parece perdida en el tiempo. Un momento progresista, con esperanzas, activa en la lucha contra la dictadura y durante los primeros años de la Transición. Se expresó en movilizaciones frecuentes, numerosas y diversas: universitaria, antinuclear, autonomista, sindical, vecinal… Con sectores del profesorado universitario, entre los que se encontraba el propio José Luis Martín, comprometidos con esas luchas. Y con una izquierda que en su conjunto fue capaz de superar a la derecha en las elecciones municipales de 1979 y llegar al gobierno en el Ayuntamiento: el 50’5% de los votos frente al 49’5% de la derecha. El PSOE y el PCE tuvieron representación municipal, y otros dos grupos no la consiguieron: el PTC-L (2’1%) y la LCR (0’7%).

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