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Opinión

Bajar los impuestos

Los impuestos son impopulares, está de moda pedir que se bajen, pero como nada en la vida es gratis es bueno saber que se está diciendo cuando alguien pide bajar los impuestos.

El dinero que recauda el gobierno sirve para pagar la escuela, el instituto o la universidad de sus hijos o de sus nietos, la asistencia sanitaria que usted necesita cuando acude a un centro de salud o a un hospital, o para pagar los medicamentos que retira de la farmacia; para pagar las prestaciones de carácter social, como el desempleo o las bajas por maternidad o paternidad, las ayudas sociales a la dependencia, y también para pagar las pensiones. Sirven para otras muchas cosas que damos por hechas, pero que están ahí porque se pagan con nuestros impuestos, como la urbanización de su calle, por la que usted pasea a diario, para mantenerla limpia o para que tenga luz por la noche, o para pagar las carreteras que usted utiliza cuando viaja. También para pagar a la policía, los bomberos o los gastos militares.

Cuando usted escucha a alguien decir que hay que bajar los impuestos lo que de verdad está diciendo es que no quieren que el Estado pague todas esas cosas que usted necesita, no quieren que tengamos derecho a la educación o a la asistencia sanitaria, pero no se atreven a decirlo así, a las claras, porque entonces la mayoría de los españoles, como usted o como yo, entenderíamos perfectamente que nos quieren quitar aquello que disfrutamos gracias a la solidaridad de todos los ciudadanos y que si no fuera así perderíamos por no poder pagarlo.

Quieren bajarlos personas o grupos empresariales, ricos e insolidarios, que no necesitan de los impuestos para tener todo lo que usted solo puede tener gracias a los impuestos. Son grupos empresariales que cuando ganan dinero, muchísimo dinero, cantidades ingentes de dinero, piden bajar impuestos a sus beneficios, pero que cuando atraviesan dificultades quieren que “ese monstruo que es el Estado”, se convierta en papá y acuda rápido a rescatarlos; por ejemplo, los bancos a los que usted y yo hemos pagado más de 55.000 millones de € de nuestros impuestos para que, además de mantener sueldos millonarios e inmorales a sus directivos, que son los que los han gestionado mal y llevado a la bancarrota, maltraten a sus trabajadores y a sus clientes, a usted y a mí, o por ejemplo esas empresas de transportes que ponen en jaque la economía de este país para pedir que se baje el precio del gasoil reduciendo impuestos, pero que a la vez piden ayudas al estado (ayudas que hay que pagar con los impuestos), pero no se les ocurre pedir que se disminuyan los beneficios de Repsol o Cepsa que son quienes marcan el precio de los carburantes. Ídem con Iberdrola, Gas Natural,… Con esos no se atreven. Contra esos no se movilizan.

Pedir desde la oposición bajar impuestos es un recurso fácil para desgastar al gobierno, pero cuando esos partidos neoliberales llegan al gobierno son los primeros que los suben; por ejemplo, en 2012 el señor Cristóbal Montoro, ministro de hacienda del PP, subió el impuesto de sociedades, el IRPF y el IVA por un importe total de 11.237 millones de € y, además, disminuyó el gasto público en Sanidad y Educación en otros 10.000 millones (pueden comprobarse estas cifras en el informe anual de la agencia tributaria de 2012); las cifras del año 2013 son similares y los años siguientes bastante parecidas.

Años más tarde, en 2017, el mismo señor Montoro declaraba tras cinco años en el gobierno: “no se puede explicar que mientras cualquiera de nosotros esté tributando por el IRPF, o una PYME, un 18%, un grupo consolidado esté tributando el 7% e incluso muchos de ellos el 3%”. Es decir, reconocía que grupos empresariales con beneficios apenas pagaban impuestos en España y proponía resolver el déficit incrementando el impuesto de sociedades e impuestos especiales como los carburantes, ¡oh sorpresa!, el alcohol o el tabaco.

También piden que se rebajen impuestos los políticos que viven a todo lujo gracias a las subvenciones que reciben sus partidos y que también se pagan con el dinero de todos nosotros. No les he oído renunciar a las subvenciones ni tampoco pedir rebaja sus sueldos, más bien todo lo contrario, se lo suben en cuanto tocan poder, por ejemplo, recientemente en las Cortes de Castilla y León y nada más comenzar la nueva legislatura es lo primero y único que han hecho ¡en dos meses! Algunos de ellos llevan toda la vida sin dar palo al agua, sin profesión conocida, viviendo de subvenciones públicas a sus “chiringuitos”, pero eso sí, demagógicamente piden bajar impuestos.

La izquierda en general, y el PSOE en particular, con mayor sensibilidad social, debería ser partidaria de aumentar los impuestos para favorecer la redistribución de la riqueza de un país y cubrir las necesidades de las clases medias y trabajadoras, pero al igual que ha sucedido en tantos otros campos (la defensa de la libertad, el derecho a la educación o a la asistencia sanitaria por ejemplo) ha sido incapaz de explicar a los ciudadanos que los impuestos son necesarios y recula ante la presión de los poderes económicos, políticos y mediáticos, que utilizan los impuestos como un ariete para asediar a los gobiernos progresistas. Es otra de tantas banderas perdidas por la izquierda.

Establecida, en mi humilde opinión, la necesidad de los impuestos, hay dos cuestiones respecto de los mismos que deberían ser sagradas:

1º que tengan carácter progresivo, es decir paga más quien más tiene

2º que se empleen en beneficio de la mayoría de la población

3º que se administren con trasparencia absoluta, es decir que todos los españoles conozcamos dónde va el dinero, desde el primer al último euro.

A ello habría que añadir garantías para evitar la corrupción, impidiendo que se aprovechen de nuestro dinero políticos corruptos y empresas parásitas contratistas de la administración pública.

Podtdata: el Sr. Biden acaba de llevar al Congreso de Estados Unidos una reforma fiscal para gravar con al menos el 20% las grandes fortunas americanas. Si llega a hacerlo en España los medios en general y los tertulianos en particular lo calificarían de comunista radical.

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