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Opinión

El bulevar del cine

Cine, cine, cine
Más cine por favor
Que todo en la vida es cine
Que todo en la vida es cine
Y los sueños
Cine son

(Luis Eduardo Aute)

Un paseo por el bulevar del cine en Salamanca tiene que comenzar necesariamente en los viejos cineclubs de los años cincuenta, impulsados inicialmente por sectores del propio régimen, como falangistas disidentes, el SEU e incluso la propia Iglesia, aunque pronto fueron “ocupados” por la disidencia cultural y cinematográfica apoyada por sectores universitarios progresistas. En estos cineclubs se proyectaban películas que era imposible ver en las salas comerciales, incluyendo en el mismo paquete coloquios sobre la película proyectada a su finalización e incluso alguna revista que, en el caso de Salamanca, se titulaba Cinema Universitario.

El dinamizador del Cineclub Universitario de Salamanca, uno de los cineclubs que alcanzaron mayor prestigio a nivel nacional, fue un joven Martín Patino, que organizaría en 1955 las Primeras Conversaciones Cinematográficas Nacionales, que cambiaron el panorama cinematográfico español aglutinando a voces muy dispares pero que deseaban renovar el cine español de posguerra, en busca de un cine de autor, más moderno y ligado a la realidad española del momento.

Cabe recordar también las sesiones populares de cine familiar, en el Cine San José, que estaba en el edificio de la Ermita de la Misericordia, en la plaza de San Cristóbal, desaparecido hace muchos años, y que sirvieron para introducir al cine a muchos niños y familias de Salamanca. Una función similar cumplió los domingos el Cine Fátima, adosado a la parte posterior de la parroquia del mismo nombre, o los salesianos de Pizarrales. Mención especial merece el cine de verano al aire libre que se proyectaba en algunas plazas de los barrios salmantinos.

El máximo esplendor de las salas comerciales de Salamanca se sitúa en los años sesenta y setenta, seguidos de una lenta decadencia que llevó al cierre y posterior derribo de muchas salas de cine de estreno del centro de la ciudad, iniciado con el Teatro Moderno en 1965, seguido de los cines Taramona, Salamanca, España, Gran Vía, Coliseum y el emblemático Teatro Bretón en 2003, y también fueron cerrando pequeñas salas de barrio donde se proyectaban dos películas en sesión continua como el Cine Llorente en el barrio Garrido o el Victoria, en la carretera de Ledesma, al comienzo de Pizarrales.

Durante muchos años el cine en Salamanca tuvo un impulsor en Juan Antonio Pérez Millán que desde 1971 escribía todas las semanas, durante más de dos décadas, una página en El Adelanto y que, posteriormente, fue director de la Filmoteca de Castilla y León, ubicada en la Casa de las Viejas, un hombre del cine, divulgador, crítico y gestor, clave en la historia del séptimo arte en Salamanca.

Tras el cierre de numerosas salas comerciales los mini-cines vinieron a rellenar el enorme hueco que aquellas habían dejado. En Salamanca los Van Dick, impulsados por Juan Heras y su hermano Paco, que abrieron con dos salas en la calle del mismo nombre, aglutinaron a los amantes del cine que hasta ese momento se había quedado huérfanos. Los Van Dick fueron creciendo, añadiendo nuevas salas y una cuidada selección de películas, conjugando el cine comercial y de entretenimiento con películas con una carga cultural mayor. Juan Heras ha conseguido que los Van Dyck sean desde hace décadas un punto de encuentro semanal para aficionados al cine y personas con inquietud cultural, prolongando con la película el encuentro después del pincho de última hora de la tarde o antes del café o la última copa de la noche, contribuyendo notablemente a la vida cultural de Salamanca. Gracias Juan por mantener la oferta a pesar de las dificultades de los tiempos que corren.

Es preciso seguir acudiendo a las salas de cine que se han adaptado para ofrecer cine en seguridad, tanto que el cine es, posiblemente, uno de los lugares más seguros frente al coronavirus. Si no la ha hecho aún ¡vuelva al cine! Disfrute de las historias contadas en la pantalla grande que no tiene nada que ver con las que se pueden ver a través de su televisor, el cine es otra cosa y no olvide “que todo en la vida es cine y los sueños cine son”.

 

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Un comentario

  1. No deberíamos olvidar ciertas SALAS como, por ejemplo, o sobre todo, en la que un servidor y muchos otros alumnos y no alumnos vimos más películas en Salamanca, hace 40 y tantos años los Domingos y festivos a eso de las 6 o las 7 de la tarde, la del colegio Calasanz de los Escolapios en el paseo de Canalejas. Gracias por el artículo y un saludo.

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