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Opinión

Otra visión de la economía es posible (y II)

Incluía la semana pasada en esta columna algunas afirmaciones de Joseph Eugene Stiglitz, premio Nobel de economía en 2001, que viene advirtiendo del estrangulamiento de la economía mundial y de los desequilibrios entre países y entre ciudadanos ricos y pobres. Ha ocupado puestos relevantes en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial. Es conocido por su visión crítica de la globalización y del neoliberalismo económico fundamentalista. Es profesor de las universidades de Columbia y Manchester.

 

Realizo esta introducción para que quede claro que no es un economista filo-comunista ni revolucionario-bolivariano, calificativos que se aplican inmediatamente en España a cualquier crítico de la ortodoxia política o económica de la derecha dominante, aunque sí me parece necesario aclarar que, sin cuestionar el capitalismo, mantiene una posición muy crítica sobre la evolución de los mercados, la economía y la necesidad de cambios democráticos que eviten una deriva que puede llevar al caos mundial. En esta ocasión, he preferido transcribir directamente en esta columna algunas ideas del profesor Stiglitz y que sean ustedes quienes las interpreten a la luz de su propia idea de la situación mundial en general y de España en particular. El texto en cursiva es trascripción literal suya. Las escasas apostillas son mías.

El empobrecimiento en la parte baja y media de la población ha supuesto para la gente multitud de motivos de angustia: ¿acabarán perdiendo su vivienda? ¿Serán capaces de ofrecer a sus hijos una educación que les permita triunfar en la vida? ¿De qué vivirán los padres cuando se jubilen? Cuanta más energía se dedica a esas angustias, menos energías quedan para la productividad en el lugar de trabajo. ¿Les resultan a ustedes angustias con las que conviven a diario? Estoy seguro que a una parte muy importante de los españoles sí.

El modelo de feroz individualismo combinado con el fundamentalismo del mercado ha alterado no sólo la forma en que las personas se ven a sí mismas y sus preferencias, sino también su relación con los demás. En un mundo de feroz individualismo, hay poca necesidad de comunidad y no hay necesidad de confianza. El gobierno es un estorbo, es el problema, no la solución. Este es un discurso instalado en España, que se predica por la derecha, y que cuenta con la complicidad de los medios para su difusión, cuyo resultado final es disminuir o eliminar la capacidad de respuesta ciudadana en la calle y en las urnas.

Los bancos estadounidenses han contaminado la economía mundial con basura tóxica, y es una cuestión de equidad y de eficiencia —y de respetar las normas— que se les obligue, ahora o más adelante, a pagar el precio de la limpieza, tal vez en forma de impuestos. En Europa los bancos han devuelto los préstamos, en España los bancos no han devuelto al Estado 60.000 millones que les entregó el gobierno del Sr. Rajoy y se rebelan contra la decisión del gobierno del Sr. Sánchez de aplicarles un impuesto del 7,4% sobre los beneficios milmillonarios que obtienen cada año. Solo durante el primer semestre de 2022 sus beneficios han sido de 10.295 millones.

No tiene sentido que los inversores, por no hablar de los especuladores, tengan que pagar menos impuestos que alguien que trabaja duro para ganarse la vida y, sin embargo, eso es lo que hace nuestro sistema impositivo. No necesita comentario alguno esta afirmación, es también lo que sucede en España. Usted paga mucho más que las grandes fortunas y sin embargo existe una oposición frontal a modificar la fiscalidad por parte del PP y una gran parte del PSOE. Únicamente Unidas-Podemos defiende una reforma fiscal muy moderada.

Lo que preocupa es que la globalización esté produciendo países ricos con población pobre. El uno por ciento superior tiene las mejores casas, las mejores instituciones educativas, los mejores médicos y los mejores estilos de vida, pero hay una cosa que el dinero no parece haber comprado: comprender que su destino está relacionado con cómo el otro 99% vive. A lo largo de la historia, esto es algo que el uno por ciento superior eventualmente aprende demasiado tarde. Esa incapacidad de las clases dominantes para entender esta interrelación ha producido numerosas revueltas y revoluciones en el pasado y, no sabemos de qué forma implosionará en el futuro, si no se modifica radicalmente la forma de explotación de las clases populares. El colchón social de las clases medias ha desaparecido, aunque ellas mismas aún no sean suficientemente conscientes de ello.

Como comentábamos la semana pasada en esta misma columna todo esto tiene lugar por la inmensa capacidad de presión de las multinacionales sobre los gobiernos y la opinión pública: Una de las formas más eficaces de influir en la opinión pública es captar políticos. Al fin y al cabo, los políticos son comerciantes de ideas y el ejercicio político responde más a los intereses de los ricos que al del resto de los ciudadanos: La política ha condicionado el mercado, y lo ha condicionado de forma que favorezca a los de arriba a expensas de los demás.

El pensamiento neoliberal de reducir el estado quiebra su coherencia cuando las políticas económicas que impone son un fracaso, incluso para las propias empresas que las impulsan. Por ello, cuando los mercados fallan, el gobierno viene y recoge los platos rotos. Sabiéndolo, el gobierno debe hacer lo que pueda para evitar las calamidades. ¿Cuántas constructoras, bancos, autopistas, aerolíneas, … han sido rescatadas por el Estado en España desde 2008? Es obvio que los rescates se han financiado con los impuestos que esas mismas empresas denostan, se niegan a pagar en tiempos de bonanza y que, usted y yo, pagamos religiosamente tanto en años de vacas gordas como de vacas flacas.

Ante toda esta situación, ante el caos económico, ante el desprestigio de la política que lleva aparejado, los perdedores somos siempre los ciudadanos. La desigualdad es la causa y la consecuencia del fracaso del sistema político, y contribuye a la inestabilidad de nuestro sistema económico, lo que a su vez contribuye a aumentar la desigualdad.

La inmensa mayoría de los españoles somos más pobres y tendremos aún problemas mucho más serios si la política neoliberal continúa llevando al desmantelamiento del estado de bienestar, pero solo una parte muy reducida de la población es capaz de analizar las causas y rebelarse contra el destino que han escrito unos pocos en su propio beneficio. Recuerden: vea, compare, y si encuentra algo mejor ¡vótelo!

Miguel Barrueco Ferrero

Médico y profesor universitario

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Un comentario

  1. Estoy seguro que las grandes empresas del IBES 35 no necesitan esos cosejos de acministracion tan costosos que solo valen para decirnos al finel del semestre que han obtenido un porcentaje muy elevado de beneficio mas que el ejercicion anterior y se felicitan por ello cuando los beneficios son ha costa del resto de ciudadanos y se los reparten como si fueran cromos Todos sabemos quien son los consejeros de estas compañias creo que el gobierno tiene la obligacion moral de hacer los deberes con los ciudadanos paganos de unos impuestos (ha mi juicio )superiores ha los sevicios que recibimos alguno tiene que empezar

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