fbpx
Opinión

Fumar en las terrazas

La Junta de Castilla y León levanta la prohibición de fumar en las terrazas, que estaba vigente desde 2020. Por contra, otras autonomías como Cataluña anuncian el mantenimiento de las actuales restricciones al tabaco e incorporan nuevas restricciones como, por ejemplo, prohibir fumar en las playas. En este sentido Castilla y León camina contra corriente y contra el sentido de la historia de prevención y control del tabaquismo en España, en Europa y en el mundo.

La lucha para disminuir el consumo de tabaco entre la población es una lucha desigual. Por una parte, el personal sanitario que planteamos, además de otras medidas no menos importantes, la necesidad de avanzar en la restricción al consumo incorporando nuevos espacios públicos en los que no se pueda fumar. El argumento fundamental es que el consumo de tabaco es malo para la salud de los fumadores y de quienes le rodean, argumento que ya nadie puede discutir. Se trata de prevenir la enfermedad y proteger la salud. Por otro, sectores económicos con intereses ligados a la industria del tabaco, que ya se opusieron a la entrada en vigor de la Ley 42/2010 profetizando la ruina de la hostelería y la perdida de cientos de miles de puestos de trabajo. Ninguna de sus predicciones catastrofistas se cumplió y hoy la Ley se cumple mayoritariamente y bares, cafeterías y restaurantes siguen abiertos. No hay que dejarse confundir: la industria tabaquera es la mano que mece la cuna de la hostelería en este caso.

¿Qué papel juegan los gobiernos autonómicos y el gobierno estatal en esta larga partida de ajedrez? Parece obvio que ambos deberían priorizar la defensa de la salud pública de la población y la prevención de la enfermedad. Lo saben, pero no lo hacen en la medida que debieran. Un gobierno está siempre sometido a presiones políticas y económicas y, en el tema que nos afecta, las presiones proceden de la industria tabaquera en conjunción con la hostelería, un matrimonio de conveniencia, sobre todo para las tabaqueras, la hostelería en contra de lo que ella cree solo es la compañera de baile.

¿Qué papel juegan las Consejerías de Sanidad y el propio Ministerio de Sanidad en todo esto? Es obvio que disponen de información suficiente y deberían estar firmemente comprometidos con la defensa de la salud de sus ciudadanos, aunque también se podría entender que en las reuniones de cada uno de los gobiernos otras consejerías o ministerios, por ejemplo, de industria o comercio o agricultura, pusiesen sobre la mesa sus objeciones basadas en análisis económicos rigurosos. Hasta ahí sería todo normal, pero ¿qué papel están jugando los actuales titulares de la Consejería de Sanidad de Castilla y León Alejandro Vázquez Ramos o la propia ministra de Sanidad Carolina Darias San Sebastián en todo ello?

En el caso del consejero solo hemos escuchado la suspensión de la norma que prohibía fumar en las terrazas, ninguna evaluación sobre los beneficios en salud de dos años sin fumar en las terrazas ni sobre el impacto sanitario que conlleva la suspensión de la medida y, en el caso de Carolina Darías sabemos que tiene secuestrados en un cajón de su despacho tanto el nuevo Plan de Control Integral del Tabaquismo como una nueva Ley que ha sido elaborada y consensuada por su ministerio con los profesionales y las sociedades científicas.

Cada avance conseguido en el control de la epidemia del tabaquismo ha costado sangre, sudor y lágrimas; por eso, ahora, tras dos años sin fumar en las terrazas y sin ningún conflicto serio por ello, no es nada fácil entender que se den pasos atrás, y fumar en las terrazas lo es. No obstante, el movimiento de prevención del tabaquismo y los propios ciudadanos seguiremos presionando para avanzar en el camino correcto: a favor de la historia. Sepa nuestro consejero de sanidad y sepa también nuestra ministra que más pronto que tarde se volverá a prohibir fumar en las terrazas, en los estadios, en las playas y en todos los espacios públicos. Espero que ustedes lo vean.

Noticias relacionadas

Un comentario

Deja una respuesta

Botón volver arriba