Opinión

¿Para qué sirve una tesis doctoral?

 

Nada tiene tanto poder para ampliar la mente como la capacidad de investigar de forma sistemática y real todo lo que es susceptible de observación en la vida. Marco Aurelio

 

Después de muchos años ejerciendo como médico y profesor universitario y haber dirigido un buen número de tesis, nunca pensé que me haría esta pregunta, aunque en honor a la verdad no me la he hecho yo, sino que en los últimos años me la hacen muchos médicos residentes del hospital.

Vaya por delante que el médico tiene una triple misión: asistencial, docente e investigadora. Si además es médico de un Hospital Universitario, las tres dimensiones del ejercicio profesional se complementan para formar un todo. Un médico o un hospital que no desarrollan la docencia e investigación quedan obsoletos en muy poco tiempo y su calidad asistencial pierde muchos enteros.

El número de tesis que se realizan en la Facultad de Medicina en los últimos años ha disminuido considerablemente y resulta difícil que los médicos residentes se “embarquen” en ello. Solo lo hacen aquellos que tienen interés en la carrera docente, esto es, que quieren ser profesores universitarios (cada vez menos). Al resto no les parece relevante, puesto que es un esfuerzo añadido importante que, por lo general, suele durar al menos tres años y que, sin embargo, tiene poca importancia en los baremos que SACyL utiliza para el acceso a plazas asistenciales.

El BOCyL de fecha 28 de junio de 2009, que convocaba una oposición para médicos de atención primaria otorgaba en el apartado de méritos hasta un máximo de 6 puntos a la realización completa del programa de doctorado (incluyendo la calificación de sobresaliente “cum laude”), una puntuación que es mucho más fácil de alcanzar realizando cursos de postgrado online que exigen mucho menos tiempo y esfuerzo. En las sucesivas convocatorias de plazas de atención especializada aparecidas durante 2020 el baremo utilizado es el mismo. Los proyectos de investigación y publicaciones tienen un tratamiento similar y cada vez despiertan menos interés entre los médicos residentes en formación. El apartado de formación, docencia e investigación tiene un tope de 40 puntos que suelen alcanzar con dichos cursos la mayoría de los aspirantes a una plaza, por lo que, de hecho, haber realizado una tesis o publicado en revistas científicas internacionales de prestigio no determina diferencias entre los opositores.

La filosofía que impera entre los médicos jóvenes es hacer su especialidad dignamente, eso sin ninguna duda, y después sentarse a esperar y ver pasar el tiempo, ya que finalmente es la antigüedad en el ejercicio profesional la que determina sus posibilidades de acceso a plazas eventuales, interinidades, y también en las oposiciones para acceder a plazas de personal estatutario fijo.

Es lógico que un baremo incluya todos los méritos posibles, incluyendo la antigüedad, pero, en mi opinión, debería contemplar mejor y de forma más equilibrada el peso que otorga a cada una de las partes que lo integran y, sin lugar a dudas, debería premiar la excelencia.

Sigo animando a los médicos jóvenes a realizar la tesis, a desarrollar proyectos de investigación y a publicar en revistas científicas. Albert Einstein decía que cada día sabemos más y entendemos menos. Mi respuesta a la pregunta que me hacen y que encabeza esta columna es siempre la misma: … “quizá en el futuro las cosas cambien y… siendo tan jóvenes, tenéis tiempo para esperar que así suceda”.


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