Opinión

Ciudad y Universidad

 

La Universidad de Salamanca está inmersa, en medio de una situación de incertidumbre para la toma de decisiones, en un proceso de análisis y planificación de la metodología docente a emplear el próximo curso, lo cual le obliga a prever un escenario favorable (sin riesgo de diseminación comunitaria del virus) y otro desfavorable (con repunte del Covid-19 en alguna medida). Tomar decisiones en medio de esta encrucijada, sin saber muy bien que va a ser eso que hemos dado en llamar la “nueva normalidad”, es difícil y complejo, porque no existen bases ciertas sobre las que fundamentar la toma de decisiones en un escenario tan volátil. Nadie puede asegurar que el próximo curso no haya un nuevo brote, y tampoco que vaya a haberlo, ni de que intensidad será en este último caso.

El número aproximado de estudiantes de la Universidad de Salamanca es de 25.000; una parte muy importante procede de otras provincias o comunidades de España, y un número nada despreciable de otros países europeos, latinoamericanos o asiáticos.

Si la situación es de completa normalidad habrá enseñanza presencial de alguna manera, si existe riesgo de transmisión comunitaria será necesario modificar los métodos docentes y la enseñanza presencial será reducida, e incluso inexistente en los peores escenarios. En todo caso, la Universidad cumplirá con su misión docente habilitando todos los recursos de los que dispone para ofrecer una enseñanza de calidad.

La Universidad es generadora de riqueza y, posiblemente, la mayor fuente de ingresos de la ciudad. La sola posibilidad de que un número muy elevado de estudiantes no acudan al comienzo del próximo curso, por no existir clases presenciales, resulta desoladora. Salamanca es una ciudad de servicios que vive, fundamentalmente, de dos tipos de actividad económica: estudiantes y turistas. Resulta difícil imaginar la ciudad sin turistas, pero mucho más imaginarla sin estudiantes, aunque este verano nos vamos acostumbrando a ambas cosas.

Salamanca, sin estudiantes, es como cualquier otra pequeña ciudad castellana venida a menos. La actividad económica de la ciudad depende, en gran medida, de los estudiantes: dueños de pisos de alquiler, residencias, librerías, servicios de restauración, cafeterías, supermercados, cines, gimnasios, academias, tiendas de todo tipo, y cientos de actividades económicas más, viven de atender las necesidades de los estudiantes universitarios.

Por tanto, para la ciudad es fundamental que el próximo curso se desarrolle con la mayor presencialidad posible. Sería lógico entonces que instituciones oficiales como Ayuntamiento y Diputación, ofrezcan a la Universidad de Salamanca todo el apoyo que esté en sus manos y que la Universidad pueda necesitar: desde recursos económicos, hasta espacios que puedan ser de utilidad. Si desde ambas instituciones se han tomado medidas para apoyar la actividad económica de numerosas empresas salmantinas, ¿no estaría justificado apoyar a la propia Universidad de la que depende la actividad económica de esas empresas en particular y de la ciudad en general?

En el mejor de los escenarios, para garantizar una actividad presencial segura la Universidad va a precisar contratar nuevo personal y multiplicar el número de espacios docentes. El rector ya ha anunciado la puesta a disposición de las facultades de nuevos espacios como los Colegios de San Bartolomé y Fonseca y la red de bibliotecas universitarias. Igualmente es precisa una inversión sustancial en medios de protección (señalización, geles para la limpieza de manos, mascarillas…). Ante escenarios intermedios, y no digamos ya en el peor de los escenarios, va a necesitar una importante inversión en nuevas tecnologías para garantizar la enseñanza “on line”. Todo ello tiene un coste económico muy importante.

El Ministerio de Universidades ha modificado recientemente los requerimientos previos y ha aprobado una inversión de 400 millones de euros para las universidades españolas, para favorecer la presencialidad con seguridad. Suponemos que la Junta de Castilla y León apoyará también con recursos adicionales a los del ministerio, pero esta vez es preciso que la ciudad de Salamanca, a través de las instituciones públicas y privadas, apoye a la Universidad de la que vive y aporte también su montaña de granos de arena.

Miguel Barrueco, médico y profesor universitario


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