Opinión

Política y Justicia

 

Resulta sumamente interesante en nuestros días releer clásicos como Aristóteles o Platón. Aristóteles en su obra Política, considerada el primer tratado sobre la naturaleza, funciones y división del Estado y las formas de gobierno (Bobbio dixit), explica que la política es la coordinación de muchas acciones organizadas a través del Estado y, para ello, hay que tener en cuenta la voluntad de los otros. Por eso, la política gira en torno a las leyes e instituciones creadas para elaborarlas y administrarlas.

Platón, en La República, entiende el ejercicio de la política como el arte de la justicia y el bien, que debe tener como objetivo organizar la vida en sociedad y conducir al Estado hacia la justicia, la armonía y la cohesión social.

Otra cosa diferente es la opinión de Platón acerca de la mejor forma de gobierno, manifestando sus dudas acerca de la eficacia de la democracia para conseguir dichos objetivos, proponiendo el gobierno de filósofos (hombres justos y sabios) como el más adecuado para el bien común.

Platón, crítica a los sofistas de la Grecia antigua, hacer de la política un medio para lograr la fama, el éxito y el poder, convenciendo a las masas por medio de la palabra, utilizando la retórica y oratoria únicamente para engañar y seducirlas. Si Platón viviera en nuestros días consideraría a los asesores a sueldo, los medios de comunicación y las redes sociales como modernos instrumentos al servicio de los políticos, sustitutivos de la retórica y la oratoria, ya que, además, la mayoría de los políticos carecen de ambas.

A lo largo de la historia a la visión ética de la política se añadieron interpretaciones como la propugnada por Tomas de Aquino desde una perspectiva teológica y moral, o la de Maquiavelo, padre del ejercicio político moderno que, en De Principatibus, separa la política de la moral y la convierte en un fin en sí misma, en la “Razón de Estado”, aunque más tarde Kant vuelva a ligarla a la moral y al ejercicio de la razón.

En tiempos más recientes se atribuye a la política la protección de los derechos del hombre y el desarrollo del estado social y del bienestar; sin embargo, el ejercicio político actual no solo no contempla su práctica desde una perspectiva ética aspirando a ejercer el poder para lograr objetivos beneficiosos para la sociedad, sino que ni siquiera contempla su ejercicio para resolver conflictos de intereses, sino como una lucha para detentar el ejercicio del poder, otro concepto del ejercicio político propugnado por Max Weber o Gramsci desde perspectivas ideológicas muy distantes.

A pesar de Rousseau y Montesquieu, lo cierto es que desde la Grecia antigua hasta la actualidad, política y justicia caminan de la mano y no es fácil deslindar la Política de la Justicia, ya que los hechos políticos tienen consecuencias en el ámbito judicial y este tampoco es ajeno al debate político.  La falta de consenso y la rivalidad entre los partidos políticos se traslada a las instituciones judiciales que, a su vez, tratan de condicionar el ejercicio del poder político.

En España predominan los políticos incapaces para dialogar y establecer acuerdos y, por ello, una parte muy importante de la vida política termina en los tribunales, siendo finalmente los jueces los que determinan que se puede o no hacer.

El lamentable espectáculo de estas semanas acerca de las medidas destinadas a controlar la pandemia COVID o el esperpento de la renovación del Consejo de Poder Judicial, escenario circular de la politización de la justicia y de la judicialización de la política en España, o el bochorno de Trump y el Tribunal Supremo de Estados Unidos, me ha producido desazón y me ha llevado a hacerme algunas preguntas: ¿Para que necesitamos a los políticos si todo termina en las manos de los jueces también politizados? ¿No sería mejor prescindir de los políticos y ahorrarnos todo el dinero que cuestan al erario público y que pagamos los ciudadanos? ¿Sería mejor un gobierno de los jueces? No parece tampoco que los jueces actuales sean los “filósofos” que propugnaba Platón para el gobierno.

Parece que estamos condenados a seguir asistiendo a esta puesta en escena teatral durante muchos años, ya que no se atisba ningún ejercicio de autocrítica por políticos y jueces. La situación exige de un proceso de regeneración, que ha surgido en el pasado de crisis sociales profundas, regeneración que ahora no se vislumbra y que no parece siquiera posible. Seguimos esperando a los “filósofos” de Platón y a la reflexión y posicionamiento público de los intelectuales, pero las fuerzas de la regeneración democrática parecen dispersas, ocultas o en retirada. Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?

Otros políticos y otra práctica política son posibles. La próxima semana hablaremos de Pepe Múgica, expresidente de Uruguay, que demuestra que en el mundo actual hay sitio para el gobierno de hombres justos y sabios. Aún hay sitio para la esperanza.

 


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Un comentario

  1. Pero que gran verdad !!!. Para que sirven estos politicos tan irresponsables, y no digo incompetentes porque eso es patente?. Nos lo están demostrando día a dia, pero lo triste de todo esto es que, como ciudadanos, somos incapaces de ponerlos en su sitio. Actualmente solo caben en un lugar: confinados en su casa y dejar solo en manos de cientificos la gestión de esta crisis, ellos solo a obedecer. Una vez mas felicidades por su artículo.

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