Opinión

El ruedo ibérico

 

Si Don Ramón de Valle Inclán viviera hoy tendría a su disposición abundante material para escribir un retrato satírico de nuestra épocaque, en base a su ingenio literario, sería al menos igual de ácido y satírico para describir el esperpento de la política actual, que el que escribió sobre las clases dirigentes y populares de la España isabelina en La Corte de los Milagros, la primera de las novelas de El Ruedo Ibérico. Sería un remake con grandes posibilidades de convertirse en un bestseller literario y quizás cinematográfico.

Hemos vivido numerosos esperpentos a propósito de la pandemia Covid y, a tenor de las recientes manifestaciones sobre las vacunas de la presidenta de la Comunidad de Madrid, y de lo sucedido el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados, se avecina una nueva ola de declaraciones basadas en el conocimiento científico más riguroso, con una cuidadosa elaboración literaria y expresadas con una prosopopeya al alcance de muy pocos.  Nada de extrañar, es algo a lo que ya estamos acostumbrados.

Todo lo sucedido en estos meses me ha llevado a reflexionar hasta qué punto políticos y ciudadanos no se han movido un ápice de sus posiciones políticas previas a la pandemia, a pesar de los evidentes desatinos de algunos cada vez que abren la boca, y a fe que la abren muy frecuentemente.

No recuerdo haber oído a ningún político pedir disculpas por los errores que pueda haber cometido en la gestión de la pandemia y, sin embargo,puedo recordar cientos de declaraciones atacando a políticos de otros partidos por la gestión que estos puedan haber realizado.Tampoco recuerdo haberles escuchado pedir disculpas más tarde por las críticas e insultos proferidos,ni reconocer a posteriori el éxito cuando las medidas previamente criticadas se han mostrado eficaces y, por supuesto, no he escuchado a ningún político alabar idea alguna,¡aunque solo fuera una!,propuesta por políticos de partidos diferentes al suyo.

Es indudable que están encantados de conocerse, henchidos de satisfacción y que, más de cincuenta mil muertos en seis meses, no les han hecho moverse un centímetro de la baldosa que ocupan con porte prieto, mirada al frente y exceso de arrogancia.

Claro que es posible que ellos sean nuestro reflejo, que nuestros representantes sean calcos fieles de los ciudadanos que les votamos, ya que tampoco conozco muchas personas a las que la gestión de la pandemia, por unos u otros, les haya hecho cambiar algo (solo un poco) su posicionamiento político previo. Quienes se situaban en el espectro político de la derecha ahí siguen anclados, sin moverse, si acaso más a la derecha, y solo critican aciertos y, por supuesto, desaciertos del gobierno de España, y quienes se situaban en el espectro de la izquierda ahí siguen también varados y solo critican a los gobiernos autonómicos de la derecha, como si el gobierno de España no hubiera cometido errores en su gestión.

No sé si entiendo bien lo del suelo y el techo electoral de los partidos, que señalan los politólogos, pero creo que en España apenas existe diferencia entre el suelo y el techo de cada partido. Por muy mal que lo hagan (y mira que lo han hecho mal) tienen una legión de votantes fieles, absolutamente acríticos con “los suyos” e hipercríticos con “los otros”. Ya conocen ustedes una frase atribuida a Franklin Delano Roosvelt, presidente de los Estados Unidos:será un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta.

Creo que nos falta sentido crítico y cultura democrática y que, si los partidos han convertido el ruedo político en una sesión continua de acoso y derribo, desde los tendidos de sol o de sombra, los abonados aplauden y otorgan orejas (e incluso rabos) a los suyos, independientemente de la faena que realicen, y silban inmisericordes a los otros. Se atribuye a Winston Churchill la idea de que Cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Aunque no puedo suscribir dicha frase en su integridad, pues sigo creyendo que los pueblos siempre son mejores que sus gobiernos, en este caso tengo serias dudas de si no tenemos lo que merecemos.

POSTDATA: mis disculpas a Portugal, que demuestra mucha mayor cultura y sensatez democrática que nosotros, por haberlos incluido en el título de la columna que debería haberse titulado El Ruedo Español, pero aparte de rememorar a Valle Inclán, no me pude resistir a titularla como El Ruedo Ibérico, fuente de lectura e información para muchos de nosotros cuando en España no existía libertad de prensa.


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