Opinión

Enfermeras a la calle

 

La enfermería es una profesión que durante la pandemia ha demostrado su importancia para que el sistema sanitario funcione, tanto en la atención primaria como en los hospitales. Han demostrado sobradamente, para quien no lo tuviera claro previamente, que son los profesionales sanitarios “de proximidad”, los que más cerca y durante más tiempo están al lado del paciente.

Su entusiasmo, capacitación técnica y características personales permite clasificarlas mayoritariamente como JASP (jóvenes, aunque sobradamente preparadas), lo que sería una oportunidad para el presente y el futuro del sistema sanitario público de Castilla y León si no se las maltratase con contratos precarios alternados con el paro, por lo que no es de extrañar que emigren en busca de horizontes mejores.

Por otra parte, la pandemia también ha puesto de manifiesto el déficit estructural de las plantillas en general, y de la plantilla de enfermería en particular, y ello sucede en todos los niveles de la asistencia sanitaria y tiene su origen en los recortes económicos y de recursos humanos que se han practicado desde hace muchos años y que se siguen practicando a fecha de hoy desde la Junta de Castilla y León.

Con los centros de salud en régimen de libertad vigilada, es decir con restricciones en el acceso a los mismos por parte de los pacientes, tanto para atender a pacientes con enfermedades agudas como especialmente a pacientes con enfermedades crónicas (diabetes, hipertensión, enfermedades respiratorias, cardiovasculares,  neurológicas, reumatológicas, …), descontroladas por la falta de continuidad en la atención durante el último año, atención que no se ha recuperado ni de lejos y que tardará mucho en recuperarse, parece evidente la necesidad de reforzar las plantillas de los centros de salud y, especialmente, las plantillas de enfermería que son quienes mantenían el contacto y la atención más próxima y continuada con dichos pacientes.

Con una campaña de vacunación que avanza mucho más lentamente de lo que sería necesario por la falta de vacunas, falta que parece que puede resolverse en los próximos meses, sería necesario realizar campañas de vacunación masiva utilizando todos los recursos humanos disponibles en los propios centros de salud y además contratar el personal necesario para administrarla en espacios que se habiliten a tal fin. Los profesionales responsables de administrar las vacunas son una vez más las enfermeras.

Pues, en esta situación, en la que se necesita a la enfermería ocurre que habiendo realizado el pasado día 30 la Consejera de Sanidad de la Junta de Castilla y León, la doctora Verónica Casado, al finalizar el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud en Valladolid, manifestaciones públicas en las que asegura que se ha contratado a todas las enfermeras posibles y se cuenta con ellas para la campaña de vacunación, un número importante de enfermeras de la provincia de Salamanca, que finalizaban sus precarios contratos el pasado día 31 de marzo, no han recibido ninguna notificación de que se les vayan a renovar. Desconozco lo sucedido en otras provincias, pero supongo que la situación será similar.

Por otra parte, cuando los profesionales sanitarios están agotados y estando a tres meses vista del periodo de vacaciones de verano, cuando será necesario contratar sustituciones, parece obvio que deberían ofrecerse contratos más prolongados para que, además de cubrir las campañas de vacunación, que continuarán durante los meses de verano, se cubra también la asistencia sanitaria habitual de los centros de salud incrementando las contrataciones de todo tipo de personal sanitario y, por supuesto, de enfermería.

Resulta alarmante lo poco que han aprendido nuestros políticos y gestores sanitarios acerca del sistema de salud que tienen en sus manos. Tras un año de pandemia aún no han realizado ningún tipo de modificación legal que permita dimensionar las plantillas a las necesidades reales ni tampoco han mostrado ninguna voluntad de hacerlo. Su política de recursos humanos es cuando menos lamentable y, desde luego, francamente mejorable, determinada principalmente por la disminución del gasto sanitario y no por las necesidades de la población, lo que hace que la inmensa mayoría de los profesionales sanitarios de Castilla y León estén descontentos y cada vez menos identificados con su empresa. Justo lo contrario de lo que se enseñaba a los profesionales en los cursos de gestión que la propia administración sanitaria organizaba antes de la pandemia. Cosas veredes amigo Sancho

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2 comentarios

  1. La gestión es terrible. Reducir de más 300 a menos de 40 es increíble. Se irán a buscar trabajo a otros sitios y aquí van a tener que pedir voluntarios o utilizar al ejército. Tenemos lo que merecemos ya que los votamos, pero el sector en el que están los peores gestores es la sanidad pública.

  2. En la gestión sanitaria de CASTILLA y LEON se evidencia que no hay peor cuña que la de la misma madera. Además utilizando la mentira en sus declaraciones públicas para negar la evidencia. La próxima vez no nos aplaudan, piensen mejor a quien votan.

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