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Opinión

Incendio en la Sierra de la Culebra y el rey desnudo

El incendio de la Sierra de la Culebra en Zamora, que ha arrasado 35.000 hectáreas, es una catástrofe ecológica, ambiental, económica y humana de primera magnitud. Las circunstancias acaecidas en torno a su prevención y control deberían servir para grabar un “nunca más” en los frontispicios de todos los edificios públicos de nuestra comunidad, para delimitar y exigir responsabilidades políticas y judiciales y para cambiar toda la política forestal, agrícola y ganadera de Castilla y León. No crean que exagero. Para poner en su justa medida la extensión arrasada, el territorio calcinado tiene una extensión superior a media isla de Ibiza que tiene 55.000 hectáreas, y es muy superior a las áreas metropolitanas de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. Por seguir comparando, para entender mejor el problema, el volcán de la Palma afectó a 360 hectáreas de plataneras, viñedos y aguacateros. El de la Sierra de la Culebra 35.000 hectáreas.

Se trataba de un espacio natural protegido, que albergaba bosques con castaños centenarios, robles, diversas especies de coníferas, encinas, alcornoques, madroños y matorrales como la jara y el romero, un hábitat donde vivían lobos, corzos y ciervos, lince ibérico, zorros, jabalís, jinetas, garduñas, tejones, conejos, liebres y una innumerable variedad de especies menores. Un ecosistema creado por la naturaleza durante cientos de años.

De la explotación forestal, la ganadería extensiva que aprovechaba los pastos, la agricultura y la apicultura, además del turismo rural, vivían los habitantes de los más de veinte pueblos afectados, vecinos que se resistían a que su tierra pasara a formar parte de la España Vaciada. Ahora no podrán evitarlo: ya forman parte de la España calcinada.

El hecho de que en septiembre del año pasado ¡solo 9 meses antes! un incendio arrasara 22.000 hectáreas de la sierra de Ávila agrava aún más la gestión de lo sucedido ahora en Zamora, ya que no se implementaron los cambios que se prometieron tras el incendio de Ávila, y que debían estar implementados desde hacía muchos años.  A pesar de prometerse no se llevaron a cabo. La hemeroteca es lo que tiene, que permite recordar disculpas figuradas y promesas incumplidas.

Los recortes en los presupuestos destinados a los trabajos forestales durante el invierno, y el retraso en poner en marcha los propios del verano (a pesar de los reiterados avisos de olas de calor emitidos por la agencia nacional de meteorología) con el mismo objetivo de ahorrar costes, además de la trasferencia a gestión privada de los diferentes dispositivos contra el fuego, junto a la falta de coordinación ha conducido a la actual situación. La paradoja es que la Sierra de la Culebra disponía en su interior un embalse lleno de agua al que nunca llegaron los hidroaviones necesarios para cargar agua, porque hasta el uno de julio no estaba prevista su contratación. ¡Que desgracia y que maleducado el incendio que no esperó al uno de julio para desencadenarse!

Pagar el dispositivo asistencial que ha sido necesario para apagar el fuego costará tres veces más de lo que hubiera costado un programa de brigadas forestales para Castilla y León mantenido durante todo el año que lo hubiera prevenido o, de producirse, acabado con el fuego en pocos días. Eso se llama gestión ineficaz e ineficiente.

La catástrofe ecológica lleva implícito el empobrecimiento y la ruina de los vecinos de las comarcas afectadas. El sentimiento de rabia contenida está presente en los pueblos de la zona, que no han permitido fotos de postureo político, y en la manifestación organizada el día 21 en Zamora y que es también palpable en las redes sociales. Por el contrario, la situación de degradación política/administrativa es de tal magnitud que la distancia que puede observarse a simple vista entre lo reclamado por los zamoranos, la falta de autocrítica de la administración responsable y el debate que tuvo lugar en las Cortes de Castilla y León donde el “y tu más” fue utilizado para rechazar asumir responsabilidades, a pesar de la enorme tragedia, y donde se impidió la creación de una comisión de investigación propuesta por la oposición.

Lo más triste de todo, lo que resulta descorazonador, es que vivimos tiempos en los que la verdad no importa, tener la razón no sirve de nada, asumir responsabilidades no forma parte del código de muchos políticos, responsabilidades que en este caso son palmarias y parece increíble que se pretendan negar. Responsabilidades políticas, administrativas y posiblemente penales. Desde hace algún tiempo es todo tan obvio en España y en Castilla y León que el rey se pasea desnudo, pero el verdadero problema no es la desnudez del rey, el verdadero problema es que a una parte importante de la ciudadanía le trae al pairo la desnudez del rey.

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Un comentario

  1. Querido Miguel, me ha gustado mucho tu artículo. Y no le falta razón. Pero hablando de reyes desnudos, tenemos alguno mas cercano al que a ti no te importa ver sin ropa. Es mas, te alegra que siga siendo un rey …., porque así te sigue haciendo la rosca e incluso mantiene al «privilegiado» de tu hijo en su entorno cercano. Porque Salamanca es muy pequeña, nos conocemos todos, y a tu hijo lo llaman …. el sin plaza ….. Y así no utilizo palabras relacionadas con la electricidad

    Así que por favor, ver la paja en el ojo ajeno si, pero ver la viga en el propio, también. Un saludo

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