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Opinión

Bulos, mentiras y agresividad

En el ejercicio de la política en democracia es lógico e incluso necesario disentir; sin embargo, existe normas para encauzar la discrepancia y líneas que no se pueden cruzar sin poner en serio riesgo la democracia y la propia convivencia. La acción política debe basarse en un análisis detallado de la realidad y en la elaboración de un programa no menos detallado para conservar o modificar esa realidad, conforme a la ideología que cada uno profese, concierto equilibrio entre ambas cosas (conservar y reformar) en alguna medida. Sin embargo, en los últimos años el objetivo de algunos políticos o partidos es alcanzar el poder sin más, y no disponen de un proyecto serio que ofrecer a la sociedad. Su proyecto es: o yo o el caos. El programa de este tipo de partidos es una hoja en blanco, no tienen absolutamente nada atractivo que proponer a la mayoría de la sociedad y, por tanto, tampoco a sus votantes potenciales.

En un mundo con sentido común, alguien que no tiene nada que proponer o que oculta lo que de verdad quiere hacer, no debería tener ninguna posibilidad de ser elegido ni de alcanzar ningún órgano de gobierno: ni local, ni autonómico ni estatal, porque lo lógico sería esperar que no fuera votado por nadie. Entonces, ¿cómo es posible que personas y partidos de esas características sean votados por una parte muy importante de la sociedad?

La respuesta es sencilla: la manipulación de los más por los menos. La fórmula al uso es sencilla: negar la realidad e inventar bulos y mentiras que expanden con agresividad. Siembran bulos conscientes que, una vez puestos en marcha, son como una bola de nieve que aumenta de tamaño según rueda montaña abajo. Estos bulos son repetidos hasta la saciedad por las redes sociales y por medios de comunicación que están al servicio de los intereses y del programa oculto de esos partidos. Crear una realidad alternativa, inventada, es una técnica de manipulación ciudadana que afecta a los votantes potenciales a quienes dejan inermes ante la mentira. Ya no es válido aquel axioma que decía que lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal. La carencia del mínimo sentido moral y de la ética profesional, unido a la falta de integridad personal les permite mentir sin despeinarse y, en la misma medida, decir digo donde decían Diego.

Tensionan la sociedad buscando que cunda la desesperanza y, para ello, utilizan una mezcla de agresividad e intransigencia: agresividad verbal y gestual principalmente, pero no solo; intransigencia que les imposibilita llegar a acuerdos con los que opinan diferente. La creación de este caldo de cultivo, en forma de un clima social agresivo, influye e intimida a la propia población que considera que no es posible seguir soportando indefinidamente ese nivel creciente de agresividad, y llega a hacer pensar a los ciudadanos que la única forma de rebajar la tensión es votarles para que lleguen al gobierno, a ver si así nos dejan tranquilos. Es la intimidación a través del ruido político y social increscendo para conseguir la abdicación del sentido común por la ciudadanía.

Estas técnicas han sido llevadas al extremo por personajes como Trump y Bolsonaro con consecuencias de todos conocidas como el asalto violento a las instituciones del estado, pero son seguidas también en España por personas y partidos que comparten la ideología de ambos y que han aprendido de las técnicas que aplicaron aquellos en Estados Unidos o Brasil. Bulos, mentiras, agresividad y deslegitimación de personas e instituciones son los instrumentos políticos habituales de personajes que no tienen nada que ofrecer a la sociedad, que carecen de una formación filosófica, ideológica y cultural sólida y, por ello, están imposibilitados para elaborar un pensamiento propio, lo que los convierte en ignorantes que disponen de una amplia red de voceros dispuestos a utilizar esas malas artes para conseguir, sea como sea, que alcancen el poder porque entonces serán fácilmente manipulables por los intereses ocultos que los apoyan. Es el ocaso de la democracia y es responsabilidad de todos nosotros evitar que lo consigan.

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2 comentarios

  1. tienes mucha razon en tu esposicion de los hechos pero lo que se tendrian que cuidar muy mucho con las las afirmaciones periodisticas que precisamente en salamanca faltan un periodismo serio sin mochila sin tener que decir lo que los ciudadanos quieren escuchar el periodismo real es lo que falta en todos los niveles todo periodismo que necesita delos politicos para medrar es muy peligroso que es lo que tenemos

  2. Un artículo que da en el clavo de la realidad política actual Y lo peor es que ya están en las instituciones y al no entender de democracia van a pensar que son suyas y con bulos se negarán a reconocer cualquier resultado electoral que no les favorezca

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