Jesús Málaga

El mitin de Vitigudino

JESÚS MÁLAGA: ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’ (Memorias de un alcalde)

Lo que nos ocurrió en Vitigudino por las mismas fechas tuvo visos de sainete. Llegamos un poco antes de empezar el acto a la plaza del pueblo. Se nos acercó con sigilo un anciano que se dio a conocer como antiguo socialista. Solíamos encontrar muchas personas en los pueblos que habían estado viviendo su militancia política en la clandestinidad. Nos pidió encarecidamente que no entráramos en el teatro donde estaba convocado el acto. Como nos encontrábamos rodeados de gente no pudo darnos más explicaciones.

Por inconsciencia, o quizás por hacernos los valientes, no hicimos caso alguno a la advertencia del viejo socialista. Entramos pletóricos en el salón de actos que estaba hasta la bandera. Cuando los tres oradores hicimos acto de presencia, que por cierto éramos los mismos del incidente de Hinojosa de Duero, la totalidad del público asistente se puso en pie, como por resorte. Después nos enteramos que lo tenían preparado los grupos de extrema derecha y de Falange de la comarca.

En posición de firmes, con la mano derecha extendida como en el saludo romano o fascista, comenzaron a cantar “a capella” el “cara al sol”. Estupefactos, aguantamos el cántico subidos en el estrado, sin saber cómo reaccionar. De pie fuimos observando a los asistentes dirigiendo su brazo y su mano hacia nosotros. Entre el público se encontraban muchos jóvenes, algunos de ellos fueron a Vitigudino desde los pueblos cercanos. El himno falangista se nos hizo eterno, pero al acabar esperábamos ser despedidos con gritos o abucheos, o lo que podía ser peor, con agresiones.

Sin embargo y para nuestra sorpresa, pasados los primeros segundos de incertidumbre, el público se sentó, seguramente esperando alguna instrucción de los que habían preparado la encerrona, órdenes que no llegaron. Los falangistas creyeron que nosotros, ante la actitud poco acogedora del público, nos iríamos corriendo del pueblo sin volver la vista atrás hasta llegar a nuestra casa en Salamanca.

Se equivocaron de medio a medio. Al finalizar el “cara al sol” los tres intervinientes nos miramos con cara de sorpresa y, viendo el silencio que reinaba en la sala, les dimos el mitin. Fue un acto político para recordar, la gente nos aplaudía enfervorizadamente, con vivas y aplausos que difícilmente podíamos encontrar en otros muchos pueblos de la provincia. De aquel día saqué una conclusión, el pueblo español estaba harto de la dictadura, pero la mayoría no había conocido otra cosa, por ese motivo muchos de los que cantaron el himno falangista, sobre todo los más jóvenes, creyeron de buena fe que era la forma de comenzar los actos políticos. Era lo que habían visto siempre en Vitigudino, cuando el gobernador o el jefe político de la comarca los agrupaba para celebrar el 18 de julio, el día de la raza o la conmemoración de la exaltación del caudillo Franco a la jefatura del Estado. Cuando oyeron nuestros discursos, en los que hablábamos de libertad, de democracia o de la posibilidad de participar políticamente sin formar parte del partido único, se entusiasmaron al descubrir que aquello que les habían dicho de que España estaba a punto de volver a las andadas y a los años previos de la Guerra Civil, era todo un montaje, una mentira.

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