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Opinión

La Equidistancia

 

Aunque la palabra equidistancia sea un término matemático, o mejor, geométrico, que la RAE define como la “igualdad de distancia entre varios puntos u objetos”, en política, aunque se use mucho el término la equidistancia no existe, porque los extremos no son simétricos.

Aplicar la equidistancia en política como un adjetivo abstracto para, de forma figurada, indicar distancia entre dos supuestos extremos, con el objetivo en algunos casos de reafirmar la posición propia como una posición de centro alejada de los extremos, en otras ocasiones para indicar neutralidad en una confrontación política, y en una tercera para descalificar a los supuestos equidistantes es engañar a los ciudadanos.

Esto es lo que viene sucediendo desde hace años en la política española y que se ha puesto de manifiesto en las elecciones a la Comunidad de Madrid, tratando los partidos políticos, autocalificados como equidistantes, de desmarcarse ante los electores de la confrontación entre una izquierda supuestamente extrema y la extrema derecha, pero este uso torticero de la equidistancia se ha puesto de manifiesto también en los medios de comunicación, que han justificado actitudes claramente antidemocráticas de la extrema derecha como reacciones a supuestas provocaciones de la izquierda.

Independientemente de los réditos políticos que el uso de la equidistancia produzca a cada partido o grupo de presión (medios de comunicación incluidos) la situación vivida recientemente en un debate mantenido en la Cadena Ser ha traído a mi memoria dos poemas. El primero, del que existen diferentes versiones, atribuidoa Bertolt Brecht, aunque parece que su verdadero autor fue Martin Niemöller, un pastor protestante.“Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó. Después se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista, tampoco me importó. Luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero, tampoco me importó. Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, tampoco me importó. Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco me importó. Ahora vienen por mí, pero es demasiado tarde”.

El segundo poema corresponde a Gabriel Celaya y se titula La poesía es un arma cargada de futuro. Una de sus estrofas dice: “Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden, maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Ambos poemas son, de alguna manera, la antítesis de la equidistancia y fueron escritos por sus autores en tiempos difíciles, previendo el apocalipsis nazi que vivía Alemania en el caso de Martin Niemöller, y la necesidad del compromiso de todos, poetas incluidos, en el caso de Gabriel Celaya, para hacer frente al totalitarismo.

Por ello, a pesar de la decepción de los políticos que actúan como verdaderos catalizadores de la desafección de los ciudadanos por la política, es preciso recordar que no todos son iguales y, aunque se vote con una pinza en la nariz, en las elecciones defender la democracia exige no quedarse en casa e implica ir a votar, aunque, lamentablemente y con frecuencia, ninguna opción represente nuestras ideas ni merezca nuestro voto y, por ello, no dispongamos de la mejor opción y tengamos que elegirla menos mala. Aun así, votar sigue siendo necesario porque aún no es demasiado tarde.

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