Opinión

Con nombre propio

 

El 23 de diciembre de 2019 bajo el título Imágenes y palabras mostraba en esta columna mi desesperanza ante la foto de Aylan Kurdi, un niño sirio de tres años ahogado en la playa de de Ali Hoca Burnu de Turquía. La imagen de Aylan ahogado en el mar, pero devuelto por este a la playa, como si el propio mar quisiera afearnos el horror de nuestras conductas, era desgarradora: tumbado boca abajo con las manitas vueltas hacia el cielo, solo, tremendamente solo sobre una arena en la que han jugado y continúan jugando niños que han tenido mejor suerte.

Aquella foto no cambió nada las políticas de los gobiernos europeos. Mientras que en Grecia y Turquía muchos inmigrantes continúan su huida del horror de la guerra y su lucha diaria por la supervivencia, hacinados en campos de concentración, con su esperanza aún puesta en Europa, la semana pasada cientos de niños han protagonizado una crisis migratoria mucho más cerca de nosotros, en Ceuta. Algunos han muerto y otros han sufrido vivencias de una dureza extrema. Mientras, Occidente sigue de espaldas a las condiciones de vida de millones de personas que los hacen jugarse la vida en busca de un futuro mejor, y muchos de ellos son niños. Todos son carne de cañón de la avaricia de los sátrapas de sus gobiernos que los usan y tiran a su conveniencia y de la explotación del tercer mundo por los países desarrollados llevada hasta sus últimas consecuencias.

Entre otras imágenes muy duras hay dos que me han llamado poderosamente la atención y que tienen nombre propio: Juan Francisco, Guardia Civil, llevando en sus brazos en alto a un bebe a punto de morir ahogado, y Luna, voluntaria de Cruz Roja, abrazando y dando calor a Abdou un inmigrante senegalés que tiritaba de frio en la playa. En este caso no estaban solos como Aylan y los dos se salvaron. Juan Francisco y Luna representan la esencia de los valores humanos y permiten reconciliarse con la humanidad y pensar que no todo está perdido. Cumplían con su deber inmersos en una crisis humanitaria, pero sus gestos, su lenguaje corporal, demuestran que ponían el alma en ello y por eso nos devuelven la esperanza y la fe en la humanidad, aunque sea solo por un breve periodo de tiempo. Gracias a ambos.

PD: Luna ha sido objeto de ataques ruines en las redes por los habituales difusores de odio, ataques que no han realizado contra Juan Francisco, posiblemente porque es hombre y Guardia Civil y no les conviene políticamente hacerlo, mientras que Luna al fin y al cabo solo es una mujer y, además, voluntaria de una ONG.

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