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Opinión

La pandemia de los no vacunados

 

Solo 24 horas después de haber publicado esta columna me veo obligado a modificarla debido a la velocidad que están adquiriendo la pandemia y los acontecimientos que conlleva.

El ministro alemán de Sanidad, Jens Spahn, ha denominado “La pandemia de los no vacunados” a la nueva ola de la pandemia Covid que ataca fuertemente a Alemania y a Centroeuropa que cada día baten récord de contagios. Europa, a medida que progresa el frio del invierno, despierta del sueño de la nueva normalidad, el sueño de las noches del verano pasado, y muchos países comienzan a poner en marcha medidas más duras para poder contener la nueva ola del Covid que se nos viene encima.

En Alemania Baviera y Sajonia cierran restauración, ocio y deporte y clausuran los tradicionales mercadillos navideños, cierra la restauración a las diez de la noche y el ocio nocturno no podrá abrir durante tres semanas. En Sajonia para acceder al comercio minorista, excepto de farmacias y supermercados será necesario presentar un certificado de vacunación o de haber pasado la Covid.

Austria que pensaba confinar en su casa a los no vacunados se ha visto obligada a confinar, tres semanas de momento, a toda la población y prepara una ley que hará obligatoria la vacunación contra la covid-19 el próximo febrero. Se están produciendo en Viena manifestaciones de todo tipo, ya que si hasta ahora solo se manifestaban los antivacunas ahora también comienzan a hacerlo los vacunados para pedir que se obligue a toda la población a vacunarse o se les confine a ellos.

Irlanda y Holanda adelantan el cierre de restaurantes y tiendas no esenciales, Dinamarca y Noruega exigirán el pasaporte Covid para acceder a espacios cerrados, una medida que ya aplican diversos estados federados en Alemania y que estudian numerosos países, donde se plantea permitir a los no vacunados acceder únicamente a supermercados y farmacias, otro amplio grupo de países exige el pasaporte Covid para viajar a terceros países y estudian exigirlo para utilizar el trasporte público urbano e interurbano en sus propios países. Hungría prohibió al personal sanitario y a las fuerzas de seguridad abandonar sus puestos de trabajo.

También se extienden las restricciones al ocio limitando aforos y horarios y ahora son los empresarios del sector los que, anticipándose a un previsible e inevitable cierre de sus establecimientos, piden a los gobiernos que exijan el pasaporte Covid para acceder a sus locales.

En todos los países se hacen llamadas a la población a vacunarse y se estudia la posibilidad de exigir la vacuna obligatoria para trabajar en sectores públicos como la asistencia sanitaria, residencias de ancianos, guarderías y centros educativos para garantizar tanto la protección a terceros como unas actividades que son consideradas esenciales.  Algunas empresas privadas se plantean exigir estar vacunados para contratar nuevos trabajadores o el despido de quienes no quieren vacunarse.

Numerosos expertos llevan semanas advirtiendo a los gobiernos europeos que podemos vivir otra vez más una situación de emergencia y que hay que introducir nuevamente medidas que creíamos que no volverían a ser necesarias como restricción de las posibilidades de contacto, a la vez que se intensifica la vacunación tanto para no vacunados como terceras dosis para los vacunados.

Una vez más sobrevuela el debate acerca de la vacunación obligatoria y ante la división de opiniones al respecto se vuelen a tomar medidas que hagan incomoda la vida a los que no se quieran vacunar, a la vez que se siguen realizando campañas de concienciación que chocan más que nunca contra una bolsa de resistentes cada vez más residual, pero también cada vez negacionistas e impermeables que son el reservorio ideal para la transmisión del virus.

El presidente de la Asociación Médica Mundial, Frank Ulrich Montgomery, señala que a estas alturas de la pandemia a las autoridades sanitarias no le han faltado advertencias desde la comunidad científica internacional y que tampoco pueden argüir falta de experiencia de gestión al respecto. En su opinión una vez más las medidas que se empiezan a poner en marcha llegan tarde, cuando la situación epidemiológica es muy delicada y, en algunos casos, la sanitaria comienza a serlo también con incremento del número de ingresos en los hospitales. Alemania ha tenido que enviar pacientes al Norte de Italia por empezar a tener saturados los hospitales.

Para aquellos a quienes les importa mucho más la economía que la salud porque no entienden que sin salud no hay economía deben saber que en España las empresas turísticas caen fuertemente en la bolsa y el IBEX 35 se ha dejado ya un 3,61% la pasada semana. Salvar la Navidad ya no parece una tarea fácil, aunque el optimismo patológico le haga pensar a algunos gobernantes que España está afrontando la «recta final» de la pandemia.

En España el incremento del número de casos crece día a día y la situación se acerca cada vez más a esa nueva ola que asola a Europa, pero en el fondo los gobernantes confían en que un golpe de suerte, unido a tener una parte muy importante de la población vacunada, lo evite. Son conscientes que hace falta una Ley de Salud Pública que incluya el control de pandemias, pero ningún gobierno ni partido quiere asumir el coste político. Solo una Ley Europea sería asumida por las principales fuerzas políticas y gobiernos.  En este país tan aficionado a refranes y peluquerías no deberíamos olvidar que “cuando las barbas de tu vecino veas pelar pon las tuyas a remojar”, y dada la velocidad a la que a los acontecimientos ya tenemos al barbero llamando a la puerta de casa.

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