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Opinión

El espíritu de la Navidad

Que la Navidad hace mucho tiempo que dejó de ser una celebración religiosa para ser una fiesta comercial, una orgía de consumo, es evidente. Basta ver las iglesias vacías mientras que las tiendas, templos donde se oficia la liturgia de las compras, están a rebosar, pero al margen de los sentimientos religiosos o consumistas, para la mayoría de las personas la Navidad es una ilusión.

Las ciudades llenan de luces sus noches para celebrar el espíritu de la Navidad, iluminación que, por supuesto, brilla solo en las calles comerciales; en realidad es una forma de fomentar el espíritu comercial y predisponer al consumo durante estas fechas, pero no un consumo racional, sino en muchas ocasiones un consumo descontrolado de bienes superfluos.

Durante estas fechas la noria comercial gira sin parar invitando a subirse a la misma a todos los que tienen algún dinero que pueden permitirse gastar, incluso aunque que no puedan, o no lo tengan. El resto, quienes carecen de esa posibilidad, solo pueden mirar con el rabillo del ojo la noria girando sin poder encaramarse a ella. El contraste es obsceno, aunque si lo analizamos bien esta situación solo tiene lugar en las consideradas sociedades opulentas, donde el empobrecimiento de una parte importante de su población durante los últimos años, la mantiene al margen de la feria de consumo que tiene lugar de forma ostentosa (los ricos han dejado de ser discretos)delante de sus ojos deslumbrados por las luces navideñas que, en ocasiones, son ojos humedecidos de niños.

En una gran parte del mundo la población no tiene la posibilidad de participar en la fiesta, no pueden subirse a la noria porque no han tenido nunca tal posibilidad. Para una gran parte de la población mundial la Navidad es un día como otro cualquiera, en el que su principal preocupación es poder comer algo y protegerse del frío, un día más como todos los demás… como lo fue el anterior y como lo será el siguiente.

Estos días circulan por twitter las fotos que acompañan a este artículo. Una foto vale más que mil palabras: en este caso las dos juntas valen por todas las palabras que se puedan escribir. Fíjense ustedes en las dos fotos y ya no necesitan continuar leyendo esta pobre y triste columna.

Nada más lejos de mi espíritu que faltar al respeto de los creyentes que celebran la Navidad, especialmente de quienes practican el evangelio en el que creen, pero resulta un sacrilegio ver una figura del niño Jesús, desnudo en un pesebre, en los escaparates confortables de muchos centros comerciales. Tendremos que esperar a que el niño crezca (Evangelio de Mateo, capítulo 21, versículos 12-17) para que expulse del templo a latigazos a los mercaderes que se han instalado en él y nos han robado el espíritu de la Navidad.

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