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Opinión

Una sociedad irritada

El miedo generalmente se manifiesta de dos maneras: a través de la agresividad o a través de la sumisión.
Paulo Coelho

Es necesario ser optimistas y recuperar la alegría de vivir, aunque las circunstancias nos inviten al pesimismo. No cabe duda que vivimos tiempos en los que nos han sido arrebatados derechos conseguidos con luchas durante muchos años, que nuestras condiciones de vida han empeorado sustancialmente, lo que dificulta ser optimistas y esbozar alguna sonrisa, pero es necesario hacerlo porque si no lo hacemos estaremos mucho más derrotados de lo que nosotros mismos creemos. 

El miedo, el pesimismo y la resignación no contribuyen a mejorar el presente y a ganar el futuro, más bien son un lastre que impide tener la rebeldía y la capacidad de lucha necesaria para hacer frente a los años difíciles que nos ha tocado vivir.

Más allá de la tristeza, se palpa en muchos ambientes una agresividad que no contribuye a mejorar las cosas. Es más, las empeora notablemente. En el aspecto personal todos nos encontramos a lo largo de la vida con personas que protestan constantemente de todo y de todos, excepto de ellos mismos que, obviamente, se postulan como los únicos que las hacen bien, como salvadores. Ese tipo de personas tóxicas para la convivencia, más pronto o más tarde son fáciles de desenmascarar, aunque hasta ser descubiertos producen un coste personal muy elevado a quienes les rodean, porque practican descaradamente la mentira y a través del “estás conmigo o estás contra mí” inducen miedo.

Lo mismo sucede a nivel social con determinadas organizaciones, partidos políticos y medios de comunicación que, instalados en el no por el no, se dedican exclusivamente a criticar al resto sin aportar nunca ninguna solución. Para ellos nada de lo que se pueda hacer en beneficio de la mayoría de la sociedad está bien, lo determinante no es que se hace y a quien beneficia, sino quien lo hace. Combaten las ideas de los que consideran adversarios, incluso enemigos, con una virulencia que contamina la sociedad y la arrastra a un ambiente de frustración y, lo que es peor, de miedo, irritabilidad y agresividad. Para muchos de ellos la máxima que siguen a rajatabla es “cuanto peor mejor” y sí, a pesar de todo, se producen avances sociales importantes los niegan, y si aun así no pueden ocultar los logros se fabrican bulos. Su máxima es: “desprestigia que algo queda”.

Una sociedad enferma de miedo, afectada de una agresividad patológica, no tiene futuro. La mentira y la difamación no deberían ser toleradas y a quienes la practican en beneficio propio, en el terreno personal, social o político deberíamos ser capaces de aislarlos y excluirlos de nuestras vidas y, por supuesto, no permitir que alcancen nunca puestos de poder, impedir que alcancen las instituciones que aprovecharán exclusivamente en beneficio propio y de “los suyos” y desde las que pueden hacer mucho daño. Con mi colaboración no, con mi voto tampoco.

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